Nov
20
Desde que abrí este blog, los temas que he tratado han sido muy variados. Sin embargo, y echando un vistazo a las estadísticas, las entradas más leídas han sido dos sobre el mismo tema: La lenta agonía de Radio Clásica y Fernando Palacios, director de Radio Clásica. Supongo que gente tan enfadada como yo llega hasta aquí a través de buscadores y, algunos, incluso tienen la amabilidad de dejar un comentario.
Hoy he recibido un correo electrónico de uno de estos amigos, Amaq, en el que me comenta que se puso en contacto con Fernando Palacios hace casi un mes para expresarle su pesar por los contenidos de Radio Clásica y que no ha recibido respuesta. Me ha enviado asimismo el educado e-mail que le remitió, y que no publico por respeto a la privacidad de mi lector. Pero conste que lo suscribo del punto a la raya.
Me invita a potenciar mi iniciativa protestona y sugiere que dirijamos nuestras cartas no a Palacios, sino a sus superiores. No sé exactamente a quién correspondería escribir, pero he encontrado aquí un formulario para contactar con RTVE. Si alguien tiene algún dato mejor que éste, que no dude en facilitármelo.
Con todo, hace tiempo, un lector me comentó que Palacios le había contestado educadamente. El otro día, Aureare se quejaba de sus malos modos y, a usted, Amaq, ni se molesta en responderle.
Yo creo que en la vida, como en la música, los silencios son importantes y, tantas veces, significativos. Amigo Amaq, ladran, luego cabalgamos. O por mejor decir, callan, luego galopamos.
Nov
20
Olvidé llevar la cámara de fotos. Olvidé llevar una mochila para traer los mil libros y discos que, como siempre, compré. Olvidé llevar separatas de mis publicaciones. Olvidé tomar el refresco de naranja amarga de Sanpellegrino. No me acordaba del nombre del arquitecto de la Fontana di Trevi. Dudé en quién fue el arquitecto de Santos Vicente y Anastasio. Confundí la basílica de San Clemente con no sé cuál. Charlando con una colega no recordaba cómo se llamaban un par de señores sobre los que he hablado en público en más de una ocasión. Incluso escrito. O voy mayor, o estoy desentrenado. O ambas opciones.
Nov
20
Lo sé. Es la quinta vez que pongo a María Dolores Pradera cantando algo. Primero cayó un tema de Chabuca Granda, luego uno de Violeta Parra, a continuación le tocó a Ferrusquilla, hace pocos días a Mario Cavagnaro y ahora vamos con Atahualpa Yupanqui. Y es que durante demasiados años fui un ignorante y tengo muchas culpas que expiar. Mil gracias a quienes me la descubrieron.
(María Dolores Pradera: Tú que puedes, vuélvete)Nov
19

¿Saben quién es el señor que sale al fondo de la foto, debajo del acento circunflejo? Exacto. Éste y no otro es el precio de una obra de arte. Y, ya puestos.
Nov
19
En declaraciones a la radio catalana RAC 1, el presidente de la Sección Filológica del Instituto de Estudios Catalanes, Joan Martí, se mostró partidario de que aquellos periodistas que no utilicen correctamente la lengua catalana sean multados económicamente o retirados de delante de las cámaras o los micrófonos.
Pues si nos vamos a poner tontos, yo propongo que a todos aquellos políticos que no sepan hablar y escribir en correcto castellano se los suspenda de empleo y sueldo.
(Explicación de la foto aquí).
Nov
19
Para el viaje de ida, es necesario llevar un libro. Para el de vuelta, no. Se compra en el destino. A mí no me gusta tirar libros, así que mi elección se basa en sus dimensiones. En esta ocasión iba a leer The Cardinal’s Hat, que lo compré hace un par de años y espera su momento, paciente. Pero encontré en la estantería El doble, de Dostoievsky. Perfecto. Cabe en el bolsillo de un abrigo. Tiene 190 páginas en mi edición de Alianza. Pesa 148 gramos. Redondo. Es un libro ideal para un viaje de algo más de dos horas con otra de espera previa en el aeropuerto.
Nov
18
A pesar de haber estado lejos de casa, no me he perdido la intervención de Francisco Marhuenda el jueves pasado cubriéndose de gloria al justificar que el espacio que ocupa la información se debe repartir en función de los réditos económicos que genera a ciertos empresarios. Mi opinión dista mucho de la de este señor, como tantas veces, y se aproxima a la de Pablo Molina.
Y ésta ya es la gota que colma el vaso de mi escasa paciencia. Si cuando la dirigía José Alejandro Vara y el ABC estaba en manos Çarçalejianas, La Razón me hacía gracia -a pesar incluso de las Estheres Palomeras de la vida, que haberlas haylas-, desde que la dirige este señor, no he vuelto a comprar ese periódico, que me acompañaba en aviones y autobuses.
Después de su última aportación en pro de la libertad de prensa en España, tan propia del grupo del que forma parte, empiezo una huelga de consulta de la web de este periódico.
Nov
18
El método Noatodo para el aprendizaje de idiomas se aleja de los usos y costumbres habituales, puesto que me siento imbécil, me canso y sobre todo me aburro si tengo que hacer ejercicios de completar huecos, poner en interrogativa y conjugar verbos. Por ello, mi sistema consta de cuatro pasos:
1.- Estudiar una gramática, a pelo y sin anestesia. Página uno, luego la dos, tres, y así hasta el final.
2.- Escuchar ópera en el idioma en cuestión con el libreto bilingüe en la mano.
3.- Leer. Primero sobre un tema que se domine, luego sobre cualquiera.
4.- Ver cualquier serie, película, programa o basura, valga la redundancia. Primero con subtítulos, luego sin ellos.
Doy fe de que es un método que da muy buenos resultados. Sólo tiene un pequeño defecto, y es que por culpa del punto 2, a quien ha seguido el método Noatodo, a veces se le escapa algún arcaísmo. También puedo dar fe.
Nov
17
Si quieren que se les pongan los pelos como escarpias escuchen los horrores que contiene esta tertulia moderada por Isabel San Sebastián y con la participación de Gotzone Mora, Regina Otaola, Alfredo Perdiguero y Ángeles Escrivá.
Nov
16
El acto segundo de esta ópera comienza en la mansión de un burgués a cuya hija le va a ser entregada una rosa de plata como símbolo de su futuro matrimonio con el barón Ochs. Quien se la entrega es Octavian, el joven amante de la Mariscala y, en cuanto ambos jóvenes se ven, se enamoran. A pesar de que es preciosa y que ayuda a comprender mejor las variaciones formales en la música, omito la letra de esta Presentación de la rosa, que empieza con Octavian cantando “Mir ist die Ehre widerfahren” [me ha sido concedido el honor]. Creo que merece la pena concentrarse en escuchar.
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Octavian: Sena Jurinac.
Sophie: Anneliese Rothenberger
Nov
15
El otro día me tropecé en una librería y compré inmediatamente esta reciente publicación, que devoré. El autor es un famosísimo catedrático francés ya jubilado, especialista en mundo romano y Teoría de la Historia, del que siempre cito una frase que viene a ser algo tal que “que los campesinos franceses del siglo XIII usasen calcetines no es un problema que interese a la Historia. Ahora bien, si estos mismos campesinos comiesen patatas, sí serían motivo de interés para dicha disciplina”.
El libro consta de once capítulos y un apéndice, y cito: “Constantino, el salvador de la humanidad”, “El cristianismo, una obra maestra”, “Otra obra maestra: la Iglesia”, “El sueño del Puente Milvio, la fe de Constantino, su conversión”, “Pequeñas y grandes razones de la conversión de Constantino”, “Constantino, ‘presidente’ de la iglesia”, “Un siglo doble: el imperio pagano y cristiano”, “El cristianismo se tambalea antes de triunfar”, “Una religión de Estado parcial y entreverada. La suerte de los judíos”, “¿Existe la ideología?”, “¿Tiene Europa raíces cristianas?”, y el apéndice “Politeísmo o monolotría en el judaísmo antiguo”.
Sólo con esto ya se llega a la primera conclusión: muy francés. En pocas frases, el libro es sensato y se deja leer. Trata de construir históricamente la figura de Constantino con bastante sentido común, cimentándolo sobre las fuentes, y situarlo como un hombre que sintió sinceramente el sueño que lo convirtió al cristianismo y que conjugó su faceta piadosa con sus labores imperiales de manera equilibrada y tratando de separar los ámbitos. Expone su relación con la sociedad de su tiempo y sus actuaciones políticas, viendo a medio y largo plazo a dónde condujeron algunas de sus propuestas. Pero como buen francés que se precie, al leer el último capítulo uno no sabe muy bien hasta qué punto ha leído el desarrollo de un tema o una recopilación de divagaciones hilvanadas por un nexo común.
Con todo, la crítica fundamental que yo le haría sería al apéndice, en el que maneja los textos bíblicos y los relatos históricos en ellos mencionados de manera muy poco ordenada, llegando sobre todo en la primera mitad de esta parte a confundir al lector en la sucesión de los hechos y la evolución de las ideas. Parece olvidar la existencia de las escuelas Yahvista, Elohísta, Deuteronomista y Sacerdotal y considerar que el orden textual se corresponde con el orden histórico de redacción y sucesión de los hechos. El uso de ciertas citas en ciertos momentos resulta verdaderamente tendencioso, si bien la idea fundamental del indiscutible triunfo del monoteísmo sobre la monolatría tras el Destierro y para siempre está bien indicada.
En resumen, un libro interesante y cuyo contenido no pongo en cuestión, para empezar por falta de conocimientos, pero que no responde necesariamente al título y se recrea en la tan académicamente francesa costumbre de tomar un tema como leit motiv y girar en torno a él.
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Veyne, P.: El sueño de Constantino. El fin del imperio pagano y el nacimiento del mundo cristiano [Quand notre monde est devenu chrétien (312-394), 2007]. Barcelona, Paidós, 2008.
Nov
14
Ya lo escribí, pero lo hago más visible. Si yo fuera presidente del Gobierno, tendría sólo cinco Ministerios:
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1.- Ministerio de Estado.
2.- Ministerio de Guerra.
3.- Ministerio de Exteriores.
4.- Ministerio de Economía.
5.- Ministerio de Obras Públicas.
Por supuesto, no habría gobiernos autonómicos ni diputaciones provinciales. Sólo Gobierno central y ayuntamientos. Y llega de sobra. ¡Lo que se ahorraría!
Nov
13
Cuando vivía aquí sabía perfectamente que los días de lluvia no se podía poner un pie en la calle, y me quedaba en casa. Hoy he pecado de ingenuidad. Me levanté, no muy temprano. Salí a la calle, rumbo a una de mis bibliotecas favoritas, a unos cuatro quilómetros de mi alojamiento. Nubes amenazantes. Llego a la parada del autobús. Espero cuarenta minutos. Obviamente, no viene. Empiezan a caer microgotas. Decido moverme. Camino escasos metros. Empieza a llover en serio. Voy hacia la librería francesa, junto a San Luigi dei Francesi, donde ayer había visto un libro traducido del alemán que quería comprar pero prefería leer en italiano o inglés. Llego. Llueve a chuzos. Cojo el libro. Chapoteo. Cojo también una novela de Maupassant y otra de Zola. Pasmo media hora, esperando a que escampe un poco. Me atrevo a salir. Enfilo Ripetta. Al llegar a la altura en que estaba el precioso puerto, empieza a llover más. Me desvío al Corso. Entro en una de mis tiendas de discos preferidas. Hago el tiempo, a la espera de que escampe entre DVDs, CDs, libros de música y mil partituras. Salgo cuarenta minutos más tarde, cuando el tiempo lo pseudo-permite. Empiezo a caminar hacia la Piazza del Popolo. Llego a la altura de las iglesias de Rainaldi y empieza a caer el diluvio. Me fijo, y a la derecha hay un arca inmensa, con una pareja de animales de cada especie y un señor con larga barba sobre ella. Creo que se llama Noé. Sigo caminando, empapado. Las tres iglesias marianas de la plaza cerradas. Me cobijo bajo la Porta que, según algunos sostenemos, diseñó Miguel Ángel. Pasa el tiempo. Me empiezo a pudrir. Nace musgo entre mi ropa y mi piel. Decido abandonar la idea de la biblioteca, hasta donde aún tendría que caminar un buen rato, y coger allí mismo el metro para irme a pasmar al Vaticano. El metro está inundado. Claro. Me pongo como otra sopa para y al entrar. Lo cojo. Llego a la parada de Ottaviano. Intento salir a la calle, pero llueve demasiado. Espero veinte minutos, mirando la lluvia como las vacas al tren. Como un perdedor, y a las dos de la tarde, me cojo el metro en sentido contrario y voy hasta la estación de Termini, a comer algo sin tener que salir a la calle. Chapoteo primero en la librería y la tienda de discos. Subo al piso superior, a comer algo sentado. En la puerta de donde he elegido comer hay una mendiga, empapada. Anciana. La miro con pena. Se dirije a mí. Me dice que le han robado y me pide dinero. Le digo que voy a entrar a comer, y que si tiene hambre que me acompañe y que elija lo que quiera, que yo la invito. Me dice que no. Que sólo quiere dinero. Paso de ella. Entro. Como. Espero a ver si escampa un poco y me atrevo a salir a la calle para cojer un autobús que me acerque a mi alojamiento. Por fin me atrevo a salir. Cojo el bus. Vuelvo. Compro unos bombones cerca de casa para ahogar las penas. Llego a mi habitación. Han pasado más de cinco horas y no he hecho nada. Y es que, bien sabiamente, defendía yo hace no mucho tiempo que en Roma, cuando llueve, lo único que se puede hacer es quedarse en casa. Nunca lo olviden.
Nov
13

Hay veces en que, sin motivo aparente, la gente cambia de criterio. Y perdido el celestial encanto y caída la venda de los ojos, cuanto diera placer causa(ra) enojos. Ante esto, podemos comportarnos de dos maneras distintas. Una, camuflarnos con el paisaje, que es la que utilizan habitualmente la mayoría de los políticos. “Éstos son mis principios, y si no le gustan, tengo otros”. La otra, es la que nos cuenta Vasari en relación a Perugino:
Yo he pintado las figuras que tantas veces habéis elogiado y que os han gustado extraordinariamente. Si ahora ya no os gustan y no las alabáis, ¿yo qué puedo hacer?
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Vasari, G.: Le vite dei più eccellenti pittori, scultori e architetti [ed. de 1568]. Milán, Newton & Compton, 2003, 535.
Nov
12
Escuché el otro día en la radio un anuncio del Ministerio de Sanidad para evitar el consumo de alcohol cuyo lema es Tú verás lo que te mola. Tiene versión en vídeo.
