Jul
4
Todos los días, en torno a las cinco, nos reunimos un grupo de amigos con una taza de té en la mano para descubrir ciertos aspectos no siempre agradables del mundo en que vivimos y que muchas veces desconocemos. Los invito a que se pasen por el salón de té de nuestro anfitrión.
Yo casi siempre pido un té negro muy cargado, con muy poco azúcar y una microgota de leche. Pero hay una gran variedad, para todos los gustos.
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(Entrada programada).
Jul
3
Hace unos años que se operó un cambio radical, cada vez más acentuado, en las carátulas de los discos de música clásica. Yo, y por ahora es una hipótesis de trabajo, sitúo el origen de todos los males en Anne-Sophie Mutter. Ya saben, esa chica que rasca un violín sin el menor atisbo de musicalidad y que por ello fascinó a Herbert von Karajan, que adolecía de la misma virtud: cien músicos maravillosos bajo su batuta se veían abocados a hacer un churro, porque comandaba el presuntamente wunderbar. Que manda narices.
A lo que voy. En uno de mis últimos viajes, huyendo de la lluvia, volví a una FNAC a revisar los discos que ya había revisado y aproveché para documentar gráficamente mi hipótesis.
La idea es que como la Mutter no tocaba unas narices, aunque sí toque las narices, los de Deutsche Grammophon decidieron recurrir a las estrategias de márketing que funcionaban en otros géneros musicales. Frente a intérpretes anteriores, que llegaban como mucho a este nivel de descocamiento porque con sólo ver su nombre la gente compraba los discos,

las limitaciones de algunos nuevos productos hicieron que se quisieran meter por los ojos, ya que por los oídos no es tan fácil. Y así convirtieron en (presunta) sex-symbol a la violinistísima protégée del Karallán.
Parece ser que la cosa funcionó y que los discos de esta señora se vendieron bien, hasta el punto de que actualmente es un despiporre.
Por ejemplo, este chico, al que un día de éstos le dedicaré un post, aparece aquí como si acabase de amanecer en casa y cama ajenas y se pusiera la ropa de la víspera a toda pastilla para salir a la calle medianamente decente y con cara y mirada insinuantes, en busca de otra presa.
En ésta otra, él y su amiguita (a la que, por cierto, no conozco de nada), nos insinúan sus respectivos escotes. Ella parece cándida. Él mira con lujuria, astutamente disfrazada de melancolía.
Y, como en todo, surgen las variantes. Por ejemplo, el chico encantador, yerno requeteperfecto, hijo adorado, novio amantísimo y superdetallista, vecino amable, todo en uno.
La chica de la mirada pulquérrima, para los más candorosos.
El galán, de labios perfilados, cutis perfecto y desaliñado aliño.
El típico señor que gusta a las maduritas.
El que tiene pinta de gay blandito y suave pero tiene un lado oscuro, muy cochino, que se evidencia absoluta y claramente a través de su mirada y su boca.
La típica chica en remojo, un clásico para todas las edades.
Otras dos, que se podrían llamar Lánguida Doliente y Gélida Fulminante, para las lesbianas y ciertos heterosexuales.
Y una chica joven con pinta de menor para lo más abyecto de la sociedad.
Por no entrar ya en este Orfeo y Eurídice. Que si en la mitología ella hubiera sido así, el otro seguro que no se hubiera girado para no ver semejante capa de estuco que lleva en la cara, y la historia hubiera tenido un final más feliz.
¿Verdad que la portada que va a continuación no es tan “sexy” como las anteriores? Oigan, pues es un disco glorioso, con uno de los más grandes directores de los que tengamos grabaciones haciendo su obra favorita tres meses antes de morir, bastante sordo el pobre, y con Elisabeth Schwarzkopf, Elsa Cavelti, Ernst Haefliger y Otto Edelmann en los papeles solistas. Ahí es nada. Claramente, los tiempos han cambiado.

Jul
2
A la batallita. Ayer entré en una tienda a comprar unos gayumbos aprovechando cinco minutos exactos que tenía sueltos a última hora de la mañana. Cruzo el umbral, y una dependienta me increpa:
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–Hola, ¿puedo ayudarte en algo?
–No, no. Muchas gracias. Sólo quería echar un vistazo. Gracias.
Entro y empiezo a mirar. Quede dicho que los gayumbos estaban colgados en perchas ordenados por modelos y tallas. Vaya, que más fácil era imposible. Se me acerca la dependienta antedicha y susodicha:
-
–Si necesitas ayuda me lo dices.
Mientras pienso “y vuelta a la burra del trigo” contesto con sequedad:
-
–De acuerdo. Gracias.
Veo varias cosas que me gustan y separo cada modelo en mi talla. Vuelve:
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–Si necesitas alguna talla en concreto o algo, me lo dices.
–Nada, nada, no te preocupes. Ya me encargo yo.
Ya ni le doy las gracias ni niños muertos. Además de los que ya había separado para llevarme, encuentro otro que me gusta. Miro todos los que hay colgados de ese modelo y ninguno de ellos es mi talla. Mientras yo buceaba otra dependienta, como una pescantina, grita desde la caja:
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–Cuqui (o algo así), hay tallas L abajo de todo. Búscale ahí una.
La vena que se me hincha. ¡Hay tallas L abajo de todo! ¡HAY TALLAS L ABAJO DE TODO! La muy ******. Me giro para decirle:
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–No, no. No te preocupes. Utilizo una M. Y no hay.
¡Descarada! Que una cosa es que haya engordado y otra es que se meta usted en mis lorzas. ¡Mi barriga y yo exigimos un respeto!
Y es que las dependientas se creen que a los tíos no nos importa que nos digan que hemos cogido quilos. Pues sí. Nos importa.
Y cuando digo que no necesito que nadie me ayude, quiero decir exactamente eso: que no necesito que nadie me ayude. “No” significa “no”, de la misma manera que “sí” significa “sí”.
Y reclamo desde hace tiempo, con total convencimiento, que en las tiendas de ropa masculina haya sólo chicos. Estoy harto de ver como en las tiendas de ropa femenina atienden mujeres, y en las de ropa masculina, también. Especialmente habida cuenta que el dependiente más eficiente que he conocido en mi vida es un chico que se sabe su tienda de memoria. “¿Tendrás estas zapatillas en una 44?”. Sea cual sea su respuesta, va a misa. Tanto si es “no, se han acabado”, como si es “sí, quedan tres pares en el almacén”, sé que es así. Y, sobre todo, este chico entiende perfectamente que no tiene que decir a los clientes si algo les queda bien o mal, porque tienen ojos en la cara. Y de la misma manera sabe que si alguien quiere algo se acerca a él y le pregunta. Siempre tiene una sonrisa, una palabra de saludo en cuanto cruzas la puerta, una conversación correcta mientras pagas y un “adiós” cuando te vas. Hay que patentarlo y distribuirlo.
¿Será ésta la respuesta a la pregunta que me ronda la cabeza y con la que doy la chapa a todo el mundo con la intención de forrarme desde hace algún tiempo: qué demanda la gente? (Pregunta que aprovecho para hacer extensiva a ustedes).
Que no incordien, que no opinen, y que sólo me hablen para saludarme cuando entro y para cobrarme antes de que me vaya. Exactamente así. No me parece tanto pedir.
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NOTA: Tras escribir este post tal y como me salió del bazo puse en práctica lo que comentaba Máiquez el otro día y eliminé el primer párrafo, en el que daba unas vueltas sobre Mt 5,37: Sea vuestro lenguaje: ’sí, sí’, ‘no, no’. Me gusta.
Jul
1
A pesar de que por el título pudiera parecer que voy a hablar de la chalada de Marina Abramovic y sus tantas veces repugnantes creaciones presuntamente artísticas, lo que quiero compartir con ustedes es un par de ejemplos de kitsch espeluznantes que han golpeado mis miopes ojos en los dos últimos días.
La primera en la frente tiene que ver con el ex-marido de Cicciolina, Jeff Koons, un artista americano que tiene un ramalazo hortera que no lo salta un gitano. Personalmente, y aunque tenga un par de cosas simpáticas, me resulta muy cargante. Pero, oigan, hasta anteayer (y eso me pasa por leer The Guardian) no conocía este horror de porcelana –más fea incluso que las “cosas” de Lladró, que ya es decir–, que representa a Michael Jackson con su mono Bubbles (1988).
La segunda bofetada visual fue ayer, leyendo Il Corriere della Sera. Resulta que ya han terminado la decoración de la cripta en la que sepultarán los restos del Padre Pío. ¿Que quién es el Padre Pío? Si viviesen en Italia lo sabrían bien, ya que hay cómics, dibujos animados, alguna película y merchandising por un tubo de este hombre. En todo caso, fue un monje capuchino con estigmas, olor a jazmín, capacidades taumatúrgicas, capacidad de bilocación, capacidad de leer los corazones y las mentes de las personas, e hipertérmico (su temperatura corporal llegó supuestamente hasta los 48,5 ºC –ya, ya; ya sé–) que fue elevado a los altares por Juan Pablo II.
Tras su muerte los monjes de su convento construyeron una iglesita diseñada por Renzo Piano dedicada a él y ayer el papa Benito ha bendecido –valga la redundancia– la cripta, donde se alojará su cuerpo, y que decoró el padre Marko Rupnik. Y la idea de que el arte sacro del hoy tiene que remitir a otros tiempos y tal y cual lleva a los horrores que pueden ver a continuación.




(Más fotos aquí).
Jun
30

Aventan, elogian, reseñan o dan palmadas con las orejas los medios, desde la derecha copera hasta el medio púbico, pasando por todo lo que les dé la gana (Mundo, País, ABC), sobre el hecho de que en las previsiones meteorológicas aparezcan delimitados los límites del País Vasco, frente al modelo anterior en que se delimitaba la Euskalherría soñada.
Pues voy a tener que limpiarme los cristalinos porque yo no veo un gran cambio.
Jun
30
Desde el punto de vista religioso la sociedad italiana es muy distinta de la nuestra. Muchas veces, y desde luego cada miércoles en relación a la audiencia general, el papa sale en los telediarios. Y no porque la iglesia sea la mano negra que domina el país, sino porque a la gente realmente le interesa escuchar lo que dice el papa. Para un italiano, sus alocuciones son de interés.
Cuando se publicó la primera encíclica de Benito yo vivía allá. Ver como bajaban día a día los montones en las librerías impresionaba. Con su libro sobre Jesús de Nazaret pasó exactamente lo mismo. Y otro tanto con su segunda encíclica.
Sólo con este contexto se puede entender algo que aquí sólo pasaría con las memorias de Belén Esteban o con el nuevo capítulo de la (auto)biografía de Carmen Cervera –no la puedo ver delante– en el Hola. O con algún sumario judicial si la noticia se difunde en El País. Y es que según leo en La Stampa alguien ha filtrado fragmentos de la nueva encíclica del papa, Caritas in veritate, a diversos periódicos.
Refiere este medio que ya en otras ocasiones se habían filtrado documentos pontificios, pero que en este caso lo que se ha difundido ha sido una síntesis y una serie de pasajes literales del texto papal.
Las hipótesis que se barajan van desde que alguien desde dentro del propio Vaticano haya querido mermar el interés que el texto suscita, hasta el extremo contrario, según el cual se pretende generar expectativas sobre el documento.
Jun
29
Ayer conseguí recuperar La voz de Galicia del sábado pasado, donde venía en página completa y a todo color este anuncio.
Jun
28
Después de muchísimo tiempo he vuelto a recalar en la integral de las sonatas para piano de Mozart. Había llegado a olvidar cuánto me gusta la KV.310. La estudié cuando tenía dieciséis o diecisiete años y tocaba de verdad, no como ahora. Recuerdo que estudié su primer tiempo de manera obsesiva. Sonó en casa hasta aburrir a las paredes. Y, la verdad, llegué a tocarlo muy bien. Muy bien.
El segundo tiempo también me gustaba mucho y lo bordaba. El tercero, sin embargo, nunca llegué a dominarlo. Se me iba de las manos, literalmente. No llegué a conseguir que sonara a Mozart. Sus últimos tiempos son traicioneros y no voy a negar que yo soy más de primeros. Por ejemplo, en mi lista de iTunes están todos los primeros movimientos de los conciertos de Mozart desde el 12 hasta el 27, amén del nueve.
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En la versión que pongo toca Sviatoslav Richter en 1956. A mí no me acaba de convencer. Le sobra y le falta.

