jose-manuel-pineiroLa televisión de Galicia ha tenido tres estrellas: José Ramón Gayoso, Ana Kiro y José Manuel Piñeiro. El primero de ellos, se encarga de la música para paisanos. De hecho, Luar es la gran estrella de la telegaita, con mil años de antigüedad. Desde lo más rancio de la música hasta lo más enxebre, pasando por humor de sal gorda y ancianas con una pandereta, y supongo que sin familia, pegando gritos todas ufanas. De Gayoso, al que todas las abuelas excepto la mía adoran, se cotillea que era un abogado matrimonialista y que tenía “pocos éxitos” ya que se dedicaba a reconciliar a los cónyuges que iban a su despacho para iniciar los trámites del divorcio. La segunda, Ana Kiro, era la show-woman. Cantaba, bailaba, presentaba. Podía con todo lo que le echaran. Era la menos mala de los tres. De la pobre hablo con simpatía porque se tuvo que retirar hace unos cuantos años debido a un cáncer contra el que sigue luchando. El tercero, unos diez años más joven que los otros, se encargaba de concursillos ligeros y programas de entretenimiento. Cuando la Kiro desapareció de la pantalla, él ocupó su sitio. El pobre no sabe llevar con dignidad su cincuentena y, en torno a esa edad, decidió empezar a soltar pluma como una docena de fundas nórdicas ajadas, y a intentar cargarse de una presunta seriedad tras la que esconder su simpleza. Ahora presenta una especie de tertulia en la sobremesa en la que un conjunto de amigotes, más y (sobre todo) menos letrados, salidos de quién sabe dónde, opinan sobre lo que se tercie. Siempre ex cathedra, of course. Natürlich.

Ayer por la tarde estaba haciendo la casa y tenía puesta de fondo la telegaita, ya que antes del programa de Piñeiro emiten Cifr(iñ)as y Letr(iñ)as, un programa que me gusta pero que suelo ver sin voz, porque no los soporto. Y en ésas estaba, pero con la tele con volumen, cuando de repente escucho a Superpiñeiro (así se llamaba antes; ahora sólo Pi) decir en relación a los 100 primeros días de Obama:

Entre Norteamérica e Iberoamérica no había relación más que para de vez en cuando dar algún golpe de estado.

Admito que desconozco el contexto del aserto. Pero me da en la nariz…

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Aquí y aquí el programa de Pi sobre el “conflicto lingüístico en Galicia”.

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No sé si la expresión “hacer la casa” es o no correcta. A mí me suena vulgar. Muy vulgar. Pero me gusta.

No deja de ser curioso que una canción que trata un tema tan horroroso me pueda traer tantos buenos recuerdos. Quizá de los mejores días de mi vida. Puede utilizarse para aprender italiano, que se entiende perfectamente. Ya saben que el método Noatodo para el estudio de idiomas es un poco pintoresco, pero da muy buenos resultados. Ays. ¡Qué tiempos!

El del ego infinito, para enmendarlo, ha declarado:

[Zapatero] es muy brillante

Este fin de semana los socialistas gallegos han elegido a su nuevo Secretario General, y han aclamado a Manuel Vázquez, el que fuera Consejero de Medio Ambiente con el gobierno del Torito. ¿Les suena el nombre y no saben de qué? Sí, hombre. Es aquel señor que decía aquello de

[El PSdeG] es la única alternativa para gobernar el país [léase, Galicia]

Desde que perdimos, sólo pensamos en volver a ganar, porque Galicia no se merece un retroceso ni ser liderada por el Opus, encabezado por Feijóo

¿Que no les suena por esto? ¡Ah, claro! Entonces quizá lo recuerden por ser aquel señor que reconoció haber ampliado su casa sin el correspondiente permiso de obra. ¿Les suena remotamente? Vean aquí y aquí la noticia y abajo la fotico de la obra menor del chabolo.

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Propongo acuñar la doctrina Lola Flores: “Ay, señor juez, que yo no sabía que tenía que…”.

bart_simpson_cientificoMichel de Nôtre-Dame, más conocido como Nostradamus, fue famoso por escribir vaguedades bajo las que ciertos supersticiosos quieren ver predicciones del futuro. Desde guerras hasta el apocalipsis con minúscula. Oigan, pues nos ha salido la versión anglo-algorera de este personaje: Charles of Our Lady, alias “El Orejas” o “El Támpax”, un adúltero que hoy se presentó en Roma para contarnos que nos quedan por delante 99 meses, ni 98 ni 100, noventa y nueve meses antes de que mandemos el planeta a freír churros.

El vástago de Isabel, la del inglés que a mí me gusta, se despachaba muy a gustito en Roma, donde soltaba aseveraciones del estilo de:

Sólo tenemos 99 meses por delante para salvar el mundo.

Es necesario actuar ahora con urgencia, para conseguir una mayor sostenibilidad a nivel global y para proteger nuestro planeta para las generaciones venideras

[falta poco tiempo] para alcanzar un punto de no retorno [y después] la historia nos juzgará

El tiempo transcurre inexorablemente. 99 meses pasarán en un abrir y cerrar de ojos y entonces ya será demasiado tarde para solucionar el problema.

En estos temas yo sólo doy crédito a lo que dicen los científicos de verdad, por ejemplo un amigo que me comentaba hace unos meses, mientras paseábamos por las empinadas calles de San Francisco, una reunión científica muy seria a la que asistió en Berkeley. Estos profetas, sin oficio pero con beneficio, que tienen de científico lo que el niño de la foto, que hablen de tampones, que es lo suyo.

El otro día se me hinchaba la vena leyendo que la Fundación de Cajas de Ahorros aboga por una subida de impuestos. Entre ellos el IVA, tócate las narices María José. Ya saben, para que el Estado tenga dinero para darles aguinaldos en formas de rescate. ¿Y quiénes se ven beneficiados por el dinero de las cajas? ¿Los ciudadanos que las rescatan? No, no. A nosotros no nos dan créditos. Pero sí a los politicastros. Aquí un milloncito de euros para UPyD. ¿Y los sindicatos? ¿Defendiendo a los trabajadores? Hombre… Pues están un poco quietecitos, no está muy claro por qué. ¿O sí? Y el ministro de Fomento quiere aumentar el gasto público en infrastruturas. Genial.

Desde que coincidieran por vez primera hacia 1979, uno de los directores con los que más le gustaba colaborar a Claudio Arrau era con Colin Davis. Al margen de otros trabajos previos (Tchaikovsky, Grieg, Liszt, Schumann, Richard Strauss), si no me falla la memoria fue en 1984 cuando por vez primera tuvieron que tocar juntos el Emperador de Beethoven. Comentaba Arrau que habían conseguido algo tan especial que tras el concierto le dijo a Davis que lo tenían que estudiar juntos con más detenimiento y llevarlo al disco. La Philips no se pudo negar. A pesar de que el propio Arrau ya había grabado los cinco conciertos beethovenianos en los primeros años sesenta con Bernard Haitink y la Orquesta del Concertgebouw para este sello discográfico, que fue el suyo desde inicios de los sesenta hasta su muerte en 1991 y el del Davis de los mejores tiempos (ays, sus sinfonías de Sibelius, su Berlioz, ays), esta nueva integral constituiría un verdadero hito.

No me enrollo que lo fundamental es escuchar lo que sigue. Nótese que Arrau en este momento ya tenía 85 años.

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Dios bendito qué concierto.

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Beethoven: Concierto para piano nº5, “Emperador”, op.73, Mi b M. Claudio Arrau, Orquesta Sinfónica de Londres, Colin Davis, 3/11/1988. Londres, The Barbican Centre Concert Hall.

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El concierto que acaban de escuchar es una de mis obras musicales favoritas. Lo he oído millones de veces. Ni se sabe el número de veces que he leído la partitura completa. Y sinceramente les puedo decir que la interpretación que más me convence es precisamente la que llevaron al disco Arrau y Davis, que supera incluso lo que acaban de ver. Otras versiones igualmente impresionantes son la de Rudolf Serkin con Leonard Bernstein, la de Artur Schnabel con Sir Malcolm Sargent, de Edwin Fischer con Wilhelm Furtwängler y la de Wilhelm Kempff con Ferdinand Leitner. Me gustaría incluir en esta lista la de Arturo Benedetti-Michelangeli con Carlo Maria Giulini, dos músicos colosales, pero no estaría siendo sincero. Me parece demasiado mecánica. Pero por si Leo (un abrazo, Leo) no conoce esto, lo dejo aquí.

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