Una de mis (pen)últimas adquisiciones musicales, que he estado muy consumista, ha sido esta ópera que he encontrado entre la nueva colección editada por Brilliant rematadamente tiradas de precio y en la que hay cosas que están bien, otras que son moooe güenas y algunas que son buenisísimas. Además de las mencionadas en la web, hay más. Por ejemplo, una Salomé con el doctor Karl Böhm (Gwyneth Jones, Mignon Dunn, Richard Cassilly, Dietrich Fischer-Dieskau y Wieslaw Ochman, 1970), La mujer sin sombra dirigida por Joseph Keilberth (Jess Thomas, Ingrid Bjoner, Martha Mödl, Dietrich Fischer-Dieskau, Inge Borkh, 1963), El matrimonio secreto con el palizas de Barenboim (Arleen Auger, Julia Varady, Julia Hamari, Ryland Davies, Dietrich Fischer-Dieskau, 1975) o la ya mencionada de Pfitzner en la clásica grabación de Rafael Kubelik con su bávara orquesta y Nicolai Gedda, Dietrich Fischer-Dieskau, Helen Donath, Brigitte Fassbaender, Karl Ridderbusch, Hermann Prey y Bernd Weikl (1973).

En relación a las cuestiones que se están sucediendo en Cataluña últimamente he visto muy repetido un argumento: el estatuto de autonomía sólo lo ha apoyado un treinta y tantos por ciento de la población catalana, porque los demás o votaron en contra o se abstuvieron. Ergo no está refrendado por los ciudadanos catalanes.

Y no, oiga. No.

Ese dato, aun siendo cierto, es falaz. Votó quien quiso, y quien no quiso, no. Quien quiso decir que sí, lo dijo. Quien quiso decir que no, lo dijo. Y a quien le da igual ocho que ochenta, se quedó en su casa y renunció a ejercer su derecho. De manera tal que quienes no votaron, votaron. Y que nadie se llame a engaño. No me digan “es que los nacionalistas son un número mínimo y los catalanes no están en ésas”. No, oiga. No. En democracia, o en algo que se le parezca, el modo de manifestar la opinión es el voto, que en un referéndum puede ser a favor, en contra, en blanco, o nulo. Y también se puede quedar uno en su casa y no votar, lo que en este caso equivale a decir “soy un borrego y me da igual todo; me dejo guiar por lo que decidan mis congéneres convecinos conciudadanos cuya opinión es más cualificada que la mía y, por tanto, en sus manos encomiendo mi libertad”.

En resumen: que no, hombre, que no. Que cada palo aguante su vela. Y a quien Dios se la dé, san Pedro se la bendiga.

Si el año pasado recordaba la muerte de Freddie Mercury con Queen cantando Somebody to love, este año haré lo propio con la misma canción interpretada en el tributo que sus compañeros (Brian May, John Deacon y Roger Taylor) le rindieron junto con otros músicos famosos en Wembley el 20 de abril de 1992. Este tema lo hacen con George Michael que, todo sea dicho, está soberbio.

Me acabo de enterar de que el viernes pasado nos dejaba la amiga Elisabeth Söderström.

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Paul Wittgenstein (1887–1961), hermano del filósofo, fue un pianista que, aunque suene cruel, no hubiera pasado a la historia de no ser porque en la Primera Guerra Mundial perdió su brazo derecho. Como consecuencia de ello, decidió llevar a cabo reducciones de diversas obras de concierto para mano izquierda (aquí la relación de las mismas) que, sinceramente desconozco. Lo que más le tenemos que agradecer es que haya encargado a diversos músicos, algunos amigos de su familia, que compusieran obras para él, sólo para mano izquierda. Además de otras menores, las más destacadas son el concierto en Re de Ravel, la poco conocida marcha de las Panateneas de mi amigo Richard Strauss, la Klaviermusik op.29 de Hindemith o el cuarto de Prokofiev. Sin embargo, Wittgenstein no llegó a estrenar las dos últimas, ya que decía no entenderlas.

De otro de los despropósitos que se vinculan con él, los varios billones de dólares que por aquellos tiempos su familia dio a los nazis para comprar su voluntad y que permitiesen que dos de sus hermanas siguieran viviendo en Viena, hablo otro día.

Y les dejo con su interpretación, bastante mejorable por cierto, del concierto de Ravel, con el maestro Bruno Walter a la batuta.

  

(Ravel: Concierto para piano, para la mano izquierda. Re M.
Paul Wittgenstein, Concertgebouw Orchestra, Bruno Walter, 1937).

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PS: Recuerdo haber tocado compulsivamente un muy liberador estudio de Moszkowski del op.92, sólo para mano izquierda. No sé si lo compuso para este hombre. ¿Alguien tiene idea?

Ustedes sabrán perdonarme que tampoco hoy hable de los cráneos privilegiados que dilapidan nuestro dinero en subvencionar, por ejemplo, la reducción de la jornada laboral o en enseñar a masturbarse a chicos de entre 14 y 17 años, que están más que toqueteados, porque la carne es débil y la naturaleza, sabia, aunque a veces no lo parezca.

masaccio-san-pedro-curando-sombra-saint-peter-shadowHacia el final de su brevísima vida, Masaccio pintó un ciclo de frescos sobre la vida de San Pedro en la capilla Brancacci de la florentina iglesia de Santa Maria del Carmine. En la escena que hoy les traigo se representa a San Pedro en compañía de San Juan y otra persona de dudosa identificación caminando por una calle, que la arquitectura nos ayuda a identificar como florentina, en la que diversas personas esperan ser curadas o ya lo han sido; la de más atrás está de pie, apoyada sobre su bastón; la siguiente da las gracias; la tercera implora la curación que ya ha recibido; y la más cercana a nosotros está siendo curada.

Y es que los Hechos de los Apóstoles (5,12-16) nos cuentan que éstos llevaban a cabo muchos milagros, y que tanto era así que los enfermos se disponían en las plazas para que se operase sobre ellos la anhelada curación. Y tal era el poder de sanar que tenían que bastaba con que la sombra de San Pedro cubriese a un enfermo para que el milagro se produjese.

GREENWICH

Llevo años repitiendo a quien me quiere oír que Greenwich es lo más bonito que se puede visitar si se va a Londres. Y no me canso de repicarlo.

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