Gracias a mi amigo Xose descubro a Gary Cooper haciendo de Howard Roark en una adaptación cinematográfica de la novela de Ayn Rand:

Y aquí más.

Una de las más monumentales fuentes de Roma es el fontanone dell’acqua Paola, que está en el Gianicolo. Es un monumento colosal situado al final de un antiguo acueducto de tiempos de Trajano que traía el agua a Roma desde más de 40 kilómetros de distancia y que el papa Pablo V Borghese restauró. Con el paso del tiempo se fueron añadiendo aguas procedentes de otros manantiales al curso que desembocaba en el fontanone, y tanto añadieron que en el XIX enchufaron agua procedente del lago Martignano, que es un pequeño cráter volcánico, y el agua, que ya no era gran cosa, se hizo cada vez más mala y amarga, hasta el punto de que hoy no se considera potable. Esta fuente, que fue construida con mármoles procedentes del Templo de Minerva en el Foro de Nerva y con columnas de la vieja basílica de San Pedro del Vaticano, nutre de agua a muchas otras de Roma, como las de la plaza de San Pedro del Vaticano, la de la plaza Trilussa o las de la plaza del palacio Farnese (sí, sí, digo bien). Por tocar un poco el cotilleo histórico añado que este papa era tan amigo de las fuentes que se le llegó a llamar Fontifex Maximus.

A lo que voy. Todo el mundo que se plantifica delante de esta fuente se queda lelo viendo las maravillosas vistas de Roma que desde allí hay, bandera española al viento en la casa del señor embajador,

pero a mí lo que más me gustan son los dragones que, con las águilas, eran el símbolo de la familia Borghese y que, junto con las abejas de los Barberini, la paloma de los Pamphili y los montecitos de los Chigi, salpican por doquier la Ciudad Eterna.

Y ya que estoy abundante dejo un par de fotos más; un grabado de cuando la fuente no tenía delante una bañera gigante, añadida a finales del XVII,

y una de una magnífica colección de fotos de Roma de 1870.

El vizconde de Bangor y su esposa Lady Ann Bligh eran grandes aficionados a la arquitectura y cuando quisieron construir una casa él proponía que tuviera aspecto neoclásico, mientras que ella se inclinaba por adecuarse a los postulados de la estética neogótica. El arquitecto llegó a una solución salomónica y diseñó interiores al gusto de ambos y una fachada para cada uno:

Mientras escribía el otro día el post del café rumano/romano recordaba que por esa misma zona hay un edificio que poca gente conoce y que aun menos visita: la iglesia Dives in Misericordia de Richard Meier. Sí, sí. De Richard Meier. Es una construcción que encargó el Vaticano para celebrar el Jubileo del 2000 y a la que merece la pena acercarse. Para ello hay que coger el tranvía 14 al lado de la estación de Termini hasta la última parada y desde allí darse un paseíto de diez minutos atravesando un parque o bien esperar un bus. Si no me falla la memoria, el 565. Yo iría a pie porque en Italia nada funciona bien. Durante el trayecto en tranvía serán ustedes los únicos viajeros procedentes del área mediterránea. No deja de ser curioso.

(Robert Wiene: Das Cabinet des Dr. Caligari, 1920).

Ustedes sabrán perdonarme que tampoco hoy hable de los cráneos privilegiados que dilapidan nuestro dinero en subvencionar, por ejemplo, la reducción de la jornada laboral o en enseñar a masturbarse a chicos de entre 14 y 17 años, que están más que toqueteados, porque la carne es débil y la naturaleza, sabia, aunque a veces no lo parezca.

masaccio-san-pedro-curando-sombra-saint-peter-shadowHacia el final de su brevísima vida, Masaccio pintó un ciclo de frescos sobre la vida de San Pedro en la capilla Brancacci de la florentina iglesia de Santa Maria del Carmine. En la escena que hoy les traigo se representa a San Pedro en compañía de San Juan y otra persona de dudosa identificación caminando por una calle, que la arquitectura nos ayuda a identificar como florentina, en la que diversas personas esperan ser curadas o ya lo han sido; la de más atrás está de pie, apoyada sobre su bastón; la siguiente da las gracias; la tercera implora la curación que ya ha recibido; y la más cercana a nosotros está siendo curada.

Y es que los Hechos de los Apóstoles (5,12-16) nos cuentan que éstos llevaban a cabo muchos milagros, y que tanto era así que los enfermos se disponían en las plazas para que se operase sobre ellos la anhelada curación. Y tal era el poder de sanar que tenían que bastaba con que la sombra de San Pedro cubriese a un enfermo para que el milagro se produjese.


(Friedrich Wilhelm Murnau: Nosferatu, eine Symphonie des Grauens [Nosferatu, una sinfonía del horror], 1922).

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