Me ha encantado este vídeo de la Market Street de San Francisco un año antes del terremoto de 1906. En esa calle fue donde, estando de tiendas, una dependienta me preguntó si me había tocado la lotería cuando me gasté algo más de 300 dólares en discos de música clásica. ¡Qué bonito San Paco!

(El vídeo lo vi en Mises Economics Blog).

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GREENWICH

Llevo años repitiendo a quien me quiere oír que Greenwich es lo más bonito que se puede visitar si se va a Londres. Y no me canso de repicarlo.

La anécdota es que todo Gante está en obras. Hay montones de calles que están levantadas.

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Al margen de esto y de que las tiendas en Bélgica y Holanda cierran a las seis, es una ciudad preciosa.

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Me llamó la atención el edificio que dejo a continuación, la lonja de la carne, y tiene que ver con esto.

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Pero el verdadero objetivo era ver el políptico de los hermanos van Eyck que se conserva en la catedral de San Bavón, y que es absolutamente impresionante. Supongo que todos ustedes lo conocen, pero por si hay alguien que no, que le dedique diez segundos a ver estas foticos, aunque le hacen poca justicia. El texto no lo leí, pero vista la bibliografía que figura al final, me fiaría lo justo. O menos.

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Echaba un vistazo al currículum de los nuevos ministrines de la Xunta de Galicia cuando me llamó la atención una noticia referida al Ayuntamiento de Santiago de Compostela. Una vez leída, no me la podía creer. Así que me fui al Boletín Oficial de la Provincia. Y resultó ser verdad:

Artículo 67: Consumo de bebidas en la vía pública.

Apartado 3: Se prohíbe igualmente la distribución y venta de bebidas alcohólicas, independientemente de su grado alcohólico, destinas al consumo fuera del propio establecimiento de venta, entre las 22:00 y las 8:00 horas del día siguiente, excepto en los supuestos de veladores (*) y terrazas de establecimientos dedicados a la restauración u hostelería, así como en fiestas, ferias, romerías y festejos populares previa autorización expresa del Ayuntamiento.

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(*) En el diccionario on-line de la Real Academia Gallega (1997), no viene la palabra. En el de la española, viene con el sentido que yo conocía. Así que no me queda del todo claro a qué se refieren.

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Las procesiones de Ferrol son de las más famosas de Galicia. Entre otras cosas, porque los tronos son llevados a hombros por costaleros, como Dios manda, y no en un carricoche con ruedecitas. Yo sólo voy a las de la cofradía de Dolores que salen el martes, para ver la entrada de la tercera: la de la Virgen de la Esperanza. Es una escultura en madera de una calidad más que respetable, y que se supone de origen napolitano y de finales del XVII. Cuando vuelven de traerla en procesión por el centro de la ciudad un nutrido grupo de mujeres, y antes de retirarse, delante de la dieciochesca iglesia de Dolores la banda toca y la gente, público incluido, canta la canción que pongo al final. A mí, año tras año, se me ponen los pelos como escarpias. Quizá tenga que ver con que cuando esto ocurre ya llevo hora y media allí de pie papando frío. O quizá tenga que ver con la experiencia estética. En todo caso, es lo más recomendable de la Semana Santa ferrolana. Si tienen ocasión de verla, no lo duden. Seguro que repiten.

  

(NOTA: El vídeo de la izquierda es una versión de la canción y el de la derecha es el único fragmento potable que pude encontrar en YouTube con este momento tan ferrolano).



Neuf-Brisach es una ciudad fortificada, situada muy cerca de la frontera con Alemania en el Alto Rin, que fue diseñada en 1697 por voluntad de Luis XIV para controlar uno de los lindes de sus dominios. El arquitecto encargado de la obra fue Sébastien Le Prestre de Vauban, y tomó como modelo las formas de las ciudades ideales del Renacimiento, que sólo cristalizaron en Palmanova, ciudad diseñada por Vincenzo Scamozzi y que pueden ver a continuación.


Con todo, el modelo de Vauban no sólo buscaba de los presupuestos ideales que dominaban la teoría de la arquitectura de los siglos XV y XVI, sino que incorporaba los desarrollos conceptuales de teoría de la fortificación que tuvieron lugar a lo largo del siglo XVII.

Es muy agradable visitarla, si bien uno no ve nada. Si encima se encuentra con nieve e hielo por doquier, hacer el cabra por los muros para poder ver mejor ciertas cosas, se vuelve bastante difícil. Así que mi consejo es que la vean en Google Earth o, si pueden, en helicóptero. Pero por aportarles algo que sí se puede ver y percibir paseando por sus calles, les dejo aquí una foto de la iglesia de San Luis. Extraño edificio. Me inquieta.

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El día 9 escuchaba en la radio un anuncio de una tienda ferrolana de las de toda la vida: Ola. Un establecimiento en el que venden ropa para el hogar. El anuncio decía algo así como “Tras cincuenta años abiertos y por culpa de ocho años de obras nos vemos obligados a cerrar”.

Para ponerlos en situación, la plaza de España, donde se ubica esta tienda, es el acceso principal a El Ferrol por carretera. En la foto pueden ver su situación a principios del siglo XX. En esta plaza se colocó una estatua ecuestre de Franco. Y hace unos años, cuando el BNG estuvo en la alcaldía, dedicaron todos sus esfuerzos a dos cosas. Primera, tratar de galleguizar El Ferrol, probablemente la ciudad gallega en que menos gallego se habla. Evidentemente fracasaron. La segunda, quitar el caballo de la plaza. Ésta sí que la consiguieron. Ahí comenzaron unas obras infaustas que todavía continúan, que mantuvieron el gobierno anterior del PP y el actual del PSOE, cambiando de proyecto cada poco tiempo. Y no es una forma de hablar. Reto a cualquier prócer ferrolano a enseñarme el proyecto de finalización de la plaza.

Las consecuencias de la ineptitud y la torpeza de nuestra clase política a veces es tan leve que pasa desapercibida, pero el ejemplo de la tienda citada anteriormente no es la única. En la misma plaza cerraron otros negocios, ya que si la gente puede elegir va a tiendas a las que pueda acceder sin embarrar los pies. En varias calles del centro ocurrió lo mismo por la lentitud de las obras. Por ejemplo, cuando pseudo-peatonalizaron media calle Magdalena. La idea era que haciéndola peatonal se dinamizaría el comercio. Pero no tuvieron en cuenta que como son lentos como el caballo del malo, para cuando aquello estuvo transitable varias pequeñas empresas se habían visto abocadas al cierre.

Yo nunca entré en Ola, pero no puedo evitar sentir pena por esta gente que se queda en la calle por culpa de unos mediocres que juegan a ser poderosos.

En otra ocasión me despaché sobre la gente que combina idiomas a la hora de referirse a los topónimos. Hoy me voy a meter en otro charco. De toda la vida de Dios a la ciudad de El Ferrol se le llamó El Ferrol. No me voy a poner pedantorro y sacar papeluchos amarillentos, pero pueden creerme. En todo caso, ahora se dice Ferrol. ¿Y por qué?, se preguntarán. Pues porque los políticos así lo decidieron, y cuajó. El Ferrol, desde aproximadamente 1939, pasó a denominarse El Ferrol del Caudillo. Razones obvias. Y esto fue así hasta los años ochenta. En torno al 82 u 83, los políticos decidieron eliminar la coletilla que aludía a Franco y, ya puestos, suprimieron el artículo. No voy a especular si por ignorancia histórica o por ignorancia histórica. Y decidieron que éste iba a ser el nombre oficial de la ciudad. Porque sí. Igual que otros políticos, años después y por otras razones también políticas sazonadas con una pizca de ignorancia, decidieron que el topónimo oficial era A Coruña. Así que, desde aquí inicio la batalla para volver a llamar a la ciudad como siempre se le llamó: El Ferrol. Igual que decimos El Escorial, La Cocosa, La Haya o Los Ángeles.

Y esto es más serio que mi tesis de llamar Plantada a Chantada. Aunque también puedo sacar documentos medievales, e incluso textos del siglo XX para defenderla. Pero vamos a dejarlo así. Por esta vez.


“Al exclamar en una visita diplomática en 1495 que Venecia ‘es la más triunfante de cuantas ciudades he visto’, el embajador francés Philippe de Commynes mostraba en particular su admiración por el ceremonial veneciano. Aunque todas las sociedades contaban con fiestas recurrentes, así como con ceremonias dedicadas a ocasiones especiales, en Venecia el ritual cívico era notable por su excepcional esplendor. El espectáculo, la más efímera de las artes visuales, ofrecía una oportunidad única para responder a las necesidades de un momento dado, al tiempo que confería una estructura al mito de Venecia.

La Procesión en la Plaza de San Marcos de Gentile Bellini registra un acontecimiento que tenía lugar el 25 de abril de cada año, el día de la fiesta de San Marcos. Encargada por la Scuola Grande di San Giovanni Evangelista como parte de un ciclo de pinturas para honrar el poder taumatúrgico de la reliquia de la Vera Cruz, la pintura representa a los miembros de la confraternidad desfilando a través de la Plaza de San Marcos, el principal espacio ceremonial de la ciudad. Precedida por un coro y una guardia de honor con enormes candelabros, denominados doppieri, la reliquia es trasladada en andas dentro de un relicario ricamente decorado. La pintura conmemora la curación milagrosa de un niño cuyo padre, vistiendo toga roja, cae suplicante de hinojos. Se lo puede ver en medio de un claro de la procesión, a la derecha de la cruz. La manera en la que se incluye este acto de devoción privada en el contexto de la vida ceremonial veneciana es característica de la naturaleza documental de la pintura, estilo del que Gentile Bellini sería el máximo exponente en los últimos años del siglo XV.

Significativa en sí misma como obra de arte, la pintura también presta testimonio de los valores cívicos. Aunque es la Scuola Grande di San Giovanni Evangelista la que ocupa el lugar de honor, el palio va decorado con el escudo de armas de todas las scuole grandi de la ciudad. El mensaje no dejaba lugar a dudas: todos están incluidos y prevalece el consenso. Los transeúntes diseminados por la plaza, así como los espectadores que bordean la procesión y pueblan las ventanas de los palacios del lado derecho, incluyendo a niños y mayores, religiosos y seglares, varones y mujeres, extranjeros y venecianos, ricos y pobres, reflejan la diversidad de la sociedad veneciana.

A lo lejos, a la derecha, se puede ver al dogo, precedido por grupos de portadores de estandartes y trompeteros, y seguido de los magistrados del patriciado, con los altos cargos desfilando más cerca de él. Estando el orden determinado por la casta, el cargo y la antigüedad, la procesión traduce en términos visuales la constitución veneciana. Recurrente y bien orquestada, tales procesiones transmitían un mensaje tranquilizador de orden y estabilidad. En efecto, el especial poder del ritual reside en su repetición.

La coronación de un nuevo dogo era una ceremonia de naturaleza distinta. Al tratarse de un acontecimiento al margen del calendario anual habitual, era lógicamente inevitable dada la relativa mortalidad de los dogos, pero imprevisible. Con todo, la ceremonia era también aquí ciudadodsamente planificada conforme a un rígido protocolo y pretenecía a la categoría de los momentos liminares: un tiempo de transformación de un estado de cosas en otro”.

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1.- Patricia Fortini Brown: Arte y vida en la Venecia del Renacimiento [1997]. Madrid, Akal, 2008, 83-86.

2.- Gentile Bellini: Procesión en la Plaza de San Marcos, 1496, óleo sobre lienzo, 370 x 750 cm, Venecia, Gallerie dell’Accademia.

La refundación de Ferrol como ciudad tuvo lugar gracias a la elección del rey Felipe V de dicho emplazamiento como ubicación en que construir un arsenal militar, en cuya proximidad se erigiría una moderna ciudad de trazado hipodámico. En esta zona residencial habría dos plazas fundamentales, que se corresponden con las actuales Amboage y Armas.

La Plaza de Armas, que pueden ver en esta foto antigua, es el lugar en que se ubica el actual ayuntamiento, un edificio de los años cincuenta diseñado a partir de una academicista estética de raigambre escurialense, muy típica de arquitectos oficiales (véase la nueva casita del Príncipe en Zarzuela).

El edificio, que es muy simpático, no está a la altura de la dignidad de la primera teniente de alcalde, la izquierdaunidista Yolanda Díaz. Por ponerlos en situación, el gobierno municipal es bipartito, PSOE-IU. Tras ser elegidos, la primera vez que decidieron algo fue subirse el sueldo un 38%, hasta el punto de que el socialista alcalde (Vicente Irisarri) cobra más que el vanidoso presidente de Francia. Yolanda, en cuanto consiguió fijarse un sueldo de 30.000 euros brutos al año por una dedicación parcial, se lanzó inmediatamente a gastar nueve millones de pesetazas del erario público en decorar su despacho. Acorde con su elegancia. Tan chic ella. Esta mujer se define como “feminista y ecologista”, vaya por delante. Pues ahora desde su partido han razonado que Ferrol se merece un ayuntamiento mejor y más moderno, y quieren hacer un edificio en los terrenos del cuartel Sánchez Aguilera, argumentando que además sería más fácil aparcar el coche. Será que el aparcamiento subterráneo que hay bajo el ayuntamiento, otro dos manzanas al Este y otro que está dos manzanas al Sur y tiene tres plantas no le parecen suficientemente amplios para su escoba. Y, no se lo pierdan: este edificio lo quieren tirar.

Ferrol, desde que tengo uso de razón, ha sido gobernado por cuanto partido político se puedan imaginar. Y todos lo han hecho de pena. La ciudad que fue hace treinta años se ha convertido en un pueblo decadente. Y no sólo por la quiebra del sector naval que debemos agradecer al presidente Felipe González Márquez y su social-lista bajada de pantalones OTANesa. Siempre con todo patas arriba. Con una gestión bochornosa. Con proyectos que se empiezan y no concluyen, como la Plaza de España, que lleva unos siete años en obras y ni siquiera se sabe cómo la van a finalizar (de veras, no es una exageración). Y tantos etcéteras. La Ciudad Departamental bien merece mejor suerte.

    

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PS: Aunque rompa la estética del post pongo imagen y caricatura de la interfecta por si alguien la encuentra por la calle y le quiere decir cuatro cosas. Yo estoy en ésas hace mucho tiempo pero nunca me la tropecé, como al resto de la corporación. Supongo que será porque ella no pasea, levita.

En 1841 un predicador de la abstinencia del alcohol llamado Thomas Cook llegó a un acuerdo con una compañía ferroviaria para conseguir billetes con descuentos para su numerosa congregación. El éxito de sus primeras iniciativas lo animó a organizar la primera excursión internacional de un grupo, a París, en 1855, para ver la Exposición Universal. Hacia los años sesenta llegaron a ir más allá. Los turistas, al igual que los viajeros habían hecho previamente, necesitaban guías de viaje, y las primeras, de Roma, ya habían circulado en forma de manuscrito mucho tiempo antes de que la imprenta fuese inventada. Y, ni que decir tiene, las de Roma fueron las primeras en ser publicadas. Por los años en que Cook organizaba sus viajes, la editorial londinense John Murray había comenzado sus series de guías populares encuadernadas en tapa dura roja, que pronto emularía la firma alemana de Karl Baedeker. Los clientes de los viajes de Cook y los usuarios de las guías de Murray y Baedeker eran adinerados y estaban bien informados. Tuvieron otros imitadores: André Michelin, el hermano del empresario francés de ruedas para coches Edouard Michelin, comenzó a imprimir guías hacia 1910 con el fin de publicitar los productos de su hermano. En el momento en que ese enfoque demostró ser realmente rentable, André se convirtió en un importante editor de mapas y guías.

Rykwert, J.: The Seduction of Place. The History and Future of the City. Oxford, Oxford University Press, 2004, 153-154.

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