Una iniciativa popular en Suiza pretende recuperar la pena de muerte. Como cencerros.

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ACTUALIZACIÓN. (24/08/10; 19:25).

Hasta ahora sólo teníamos que quitarnos la cartera, el móvil, las llaves, el cinturón, a veces los zapatos, sacar el ordenador de la mochila, no llevar líquidos y, en ocasiones, dejar que nos manosease una persona, eso sí, de nuestro mismo sexo, para poder pasar un control de seguridad en un aeropuerto.

Pero la Comisión Europea ha informado. ¡Revelación! ¡Parusía! Y entienden que los escáneres corporales no son lesivos ni para la salud ni para los derechos fundamentales de los ciudadanos. ¡Miren qué divertido! ¡Vean lo bien que se lo pasa este paisano!

Que la tiene usted pequeña, que es usted transexual, que tiene una pierna ortopédica, que lleva unos kleenex para redondear su talla de sostén, una faja para meter en cintura los postres de todo el invierno, pues se jode. Que no le apetece que un señor con bigote le vea el badajo mientras se abre de piernas y levanta los brazos, pues ajo y agua. Que su intimidad no es un derecho fundamental, a ver si nos enteramos. Según el ministro de Propaganda de Fomento, en caso de conflicto entre la “incomodidad” (sic) y la seguridad, se elige la segunda.

Hace tiempo que sostengo la tesis de que llegará el día en que tengamos que ir desnudos en los aviones, habida cuenta de que el cordón de un zapato puede ser un arma con la que asfixiar a un piloto o que con el boli de hacer sudokus bien clavado en la carótida se puede liquidar a la sobrecargo. Hay quien me llama exagerado, pero yo ya empiezo a reclamar que, llegado el caso, al menos nos den unas fundas de plástico y unas sabanitas, todo ello a estrenar, para poner en nuestro asiento. Que la gente es muy guarra.

¿A que no saben quién va a ir a la tele a contar chistes? Manolo Fraga. Puede ser la apoteosis del descacharre. Se saturarán las urgencias de tantos pechos partidos de reír. Eso si ponen subtítulos, claro.

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La imagen se corresponde con una foto del momento y la foto utilizada en la campaña electoral del 2005. Premio para quien encuentre las mil trescientas veinticuatro diferencias.

Oigan, que esto sólo lo soluciona la bruja Lola.

El ayuntamiento de Benamahona (Cádiz), en relación a la ley de memoria histórica y para “cerrar heridas del pasado”, contrató anoche a la bruja buena (sic) Doris Alza para purificar el sitio en que fueron fusilados 150 gaditanos en la última Guerra Civil y de este modo “traer los buenos augurios para la localidad y cerrar la carga negativa que, desde hace 70 años, tiene este lugar”.

El alcalde socialista de la localidad, Joaquín Ramón Gómez, destacaba que “hemos pretendido hacer un ritual serio, huyendo de la imagen de timo que tienen hoy las cuestiones mágicas”.

Alucínense. A-lu-cí-nen-se.

Me entero de esto a través de un buen amigo que es policía nacional. Hago un resumen rápido, aunque recomiendo leer el texto completo.

Un delincuente habitual roba un coche, huye con él, atropella a un policía, otro policía intenta detenerlo cuando se baja del coche tras haberlo estampado contra un edificio, el chorizo intenta clavarle un arma blanca en el cuello, el policía intenta disparar a la mano del delincuente pero le da en el pecho, el chorizo se recupera tan estupendamente que desde ese momento acumula 33 detenciones por diversos ilícitos penales, conceden al policía una Medalla al Mérito Policial, y la Audiencia Provincial de Madrid expulsa del Cuerpo Nacional de Policía a este hombre tras condenarlo por tentativa de homicidio.

Se están recogiendo firmas para solicitar el indulto de este agente. Pulsando aquí podrán firmar así como tener un relato mucho más preciso de los hechos.

A través del Facebook de Almudena Negro llego a esta noticia.

Uno de los casos que se mencionan en The Assault on Liberty al hablar del papel de los jurados frente a los juicios realizados por juristas es el de Janet Devers, una mujer que con 64 años regentaba un establecimiento donde se vendían frutas y verduras en el East End de Londres. Fue acusada de doce delitos porque vendía en su tienda las mercancías pesándolas en libras y onzas, contraviniendo así la legislación que adoptó el Reino Unido al transponer una normativa comunitaria, si bien los burócratas de la EU dicen que nunca pretendieron criminalizar a los comerciantes que utilizasen el sistema imperial de medidas.

El hecho es que las autoridades municipales de Hackney la llevaron a juicio y por no utilizar el kilo en sus negocios esta mujer fue condenada a pagar una multa de 5.000 libras, y tiene ahora antecedentes penales, lo que hace que no pueda entrar, por ejemplo, en los Estados Unidos a visitar a algunos parientes que viven allí. Ella apeló y solicitó un juicio con jurado popular que se celebró en 2009, pero eso ya casi es la anécdota.

(Raab: The Assault on Liberty, op.cit., 80-81).

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