Que no paran, oigan. Que no paran. ¿Se acuerdan de “El gobierno mundial”? Pues ahora salen por otro lado.

¿Cómo balan las ovejas en inglés?

La peña está fatal. Unos “investigadores han investigado por internet” y concluyen que los terremotos de Haití y Chile los han causado los Estados Unidos.

(Vía Barcepundit).

Un videojuego que se puede descargar de manera gratuita permite a quien juega convertirse en un violador en serie.

Impresionante este vídeo de perniciosa y repugnante propaganda barata con presuntas pretensiones de cientificidad que vi en el blog de Fernando Díaz Villanueva. Al lado de esta gente, Leni era una pobre aficionada. Por cierto, en YouTube está entera El triunfo de la voluntad.

Berlusconi - el mundo

Esta semana tuve una cena con una gente ultraprogre y uno de los temas que salió a colación en nuestra charla fue el caso Berlusconi. Y yo no salía de mi asombro al ver que personas de entre treinta y cincuenta y tantos años, presuntamente educadas y cultas, se partían de risa porque le hubieran partido la cara a un anciano. Porque eso es lo que ha ocurrido; que un tío le atizó un catedralazo en la cara a un señor de 73 años. Y decían todos ufanos que le deberían haber atizado antes, que le deberían atizar más fuerte, que le podrían atizar más veces, que se lo tiene bien merecido, incluso que todo es un montaje.

Y a mí me repugna una sociedad que considera que partirle un par de piños y el tabique nasal a un anciano, sea cualquiera, es un acto heroico que se aplaude con jovialidad.

Y no me sentó mal la cena porque tengo un buen estómago. Y a veces buena falta hace, para poder compartir mesa y mantel con presuntos seres humanos.

Y por rematar, la guinda de todos los pasteles: la que es tan limpia que no necesita ducharse; la que no tira de la cisterna cuando mea; la que llama “hijos de puta” a los votantes del PP; la que se siente tan amenazada por el discurso pepero como por el etarra; la que afirma que a Esperanza Aguirre “deberían sedarla en el hospital de Leganés”; la que compara a algunos políticos israelíes con los nazis; la que por toda esta relación de méritos y servicios ha recibido el premio Nadal; ésa; ésa; la egregia señora que mete los dedos en un enchufe para cardar su sucio pelo acaba de declarar en su diario de cabecera, obviamente El Pis (LH), en relación al caso Berlusconi que “habría que abofetear a quienes lo pusieron y mantuvieron en el poder, urnas mediante. Lo cual resultaría imposible, por demasiado ambicioso, violentamente hablando”.

¡Cuánta chusma de la que huele!

Nunca mejor dicho.

***

(La foto la saqué de la portada del Pedrojosé, como se puede comprobar aquí).

Acabo de leer esto, me parece tremendo, y no me resisto. Ya saben, la gran coartada posmoderna para cercenar ámbitos de libertad, inmiscuirse en la vida de los ciudadanos y aplicar más gravámenes.

emoMuchos tenemos fobias y miedos. Por ejemplo, a mí me caen fatal los insectos y tengo miedo a los perros, las agujas y la nata de la leche. Pero procuro sobreponerme a mis propias tonterías y comportarme como si fuera un adulto, excepto cuando algún cánido me ladra a traición y me obliga a pegar un grito, o un salto, o las dos cosas a la vez. Es tristemente famosa la ocasión en que un ladrido por la espalda de un microchucho acabó conmigo, tras el pertinente salto y el consiguiente aullido, subido a un escaparate. Pero voy a lo que voy.

En el vuelo de vuelta se sentaron a mi lado una pareja de emos de veintipocos años. Y el emo macho tenía (o fingía tener, para integrarse mejor en su grupúsculo de mentes débiles) miedo a volar. Hasta el punto de que hizo que su novia lo besara durante el tiempo que duró el despegue (por cierto, sepan ustedes que el emo cuando besa no besa de verdad, porque le interesa, y mucho, hacerlo con frivolidad; aquello se parecía a un beso como el inglés de El Príncipe Gitano se parece al de la reina Isabel). Y, cuando ya el avión estaba a unos cuantos pies, el emo cambió de postura y apoyó su mejillita en el antebrazo de su novia, mientras se agarraba al susodicho con ambas emo-manitas. Yo, al iPod gracias, llevaba música en las orejas e iba leyendo, pero escuché alguna emo-frase entrecortada de ella diciéndole que mucho ánimo, que lo estaba haciendo muy bien, que ya faltaba menos; y de él pseudo-sollozando, gimoteando, haciendo pucheritos y trayendo a mi cabeza, quizá porque alguna dendrita se enganchó donde no debía, aquello de “tengo miedo al avión, también tengo miedo al barco, por eso quiero saber lo que debo hacer pa cruzar el charco”. También vi cómo ella le acariciaba la cabeza como si fuera un cachorrito (un cachorro de imbécil, vaya). Oigan, pues no me van a creer, pero con su emo-moflete apoyado en la parte superior del antebrazo de la chica, a la altura del codo, y las dos manos rodeando el tal miembro, se pasó las algo más de dos horas y media que duró el vuelo, mientras que la pobre cachocarne de la ema (o la emo hembra o como se diga) leía un libro como podía. Y cuando se apagó la luz de cabina para iniciar el aterrizaje, otra vez a pseudo-besarse los diez minutos que pasaron hasta que el avión estuvo absolutamente detenido. Reconozco que estaba deseando con todas mis fuerzas un aterrizaje brusco y que sus idiotizados emo-rostros se estamparan contra el asiento de delante.

Y claro, si me esfuerzo puedo entender que a este chico le guste estar triste, o aparentarlo, y que piense que aquello de considerar que la persecución de la felicidad es un derecho natural, es una estupidez que soltó Locke un día que se le fue la mano con el whisky de buenas noches; si me esfuerzo puedo entender que le guste llevar carita de depresión; si me esfuerzo incluso puedo entender que le pueda dar miedo volar; y, sobre todo, defendería con uñas y dientes que el susodicho (m)emo puede llorar los siete llorares por las esquinas si le sale del moño y hasta que se deshidrate, o estar veinticuatro horas al día tan compungido como le dicte su emo-flequillo. Pero, quizá porque hicieron que se me disparara el azúcar hasta niveles estratosféricos, quizá porque me resulta insoportable la gente que no se sabe comportar, quizá porque yo tal vez sea un intemperante, las ganas que tuve durante todo el viaje de cruzarle la cara de derecha a izquierda y de izquierda a derecha, plas, plas, no las sabe nadie.

tarjeta-creditoLlego de mi viaje, llamo por teléfono a mis padres para que sepan que todo ha ido bien, y me comenta mi señor progenitor que se está urdiendo una ley según la que un establecimiento podrá cobrar a un cliente, sobre el importe de la compra, en torno a un 0,9 por ciento adicional en el caso de que pague con tarjeta de crédito. Y claro, a mí, que soy el rey de la tarjeta, que nunca llevo dinero encima, que lo pago todo a tarjetazos, que tengo mis tarjetas gastadísimas y que llevo con mucho orgullo el tener el récord inferior en 15 céntimos de euro, se me inflaron todas las venas. Pero absolutamente todas.

Yo puedo entender que a los comerciantes no les haga ninguna gracia pagar un tres por cien por cada pago que un cliente hace con tarjeta, pero la solución no pasa por repercutir parte del gasto sobre el cliente, sino en presionar a los bancos para que les bajen esa comisión. De hecho, tienen en sus manos el hacer una huelga de tepeúves caídos durante un par de meses, y a ver quién gana.

Pero si nos vamos a poner tontos, nos ponemos todos. Suponiendo que se apruebe esta ley y que los comerciantes puedan cobrar un plus a quien pague con tarjeta de crédito, dejo constancia desde ya de que boicotearé los establecimientos que así lo hagan. A menos que lo hagan todos, en cuyo caso me pasaré al papel-moneda y llevaré los euros en el bolsillo como hacía mi abuelo en la posguerra. Porque es a lo que vamos.

Por si no fuera suficiente con tener que pelearme con mis banqueros para que no me cobren comisiones por guardar mis dineros en sus cajas fuertes, ahora voy a tener que pelearme con los tenderos para poder pagarles.

Es que ya es lo que me faltaba.

Dramatización.

Te lo juro por la cobertura de mi móvil, Cuqui, chata. ¡Un acontecimiento planetario! Que estaban en Afganistán los soldados del amor repartiendo helados de piña y tartas de melocotón y de repente vinieron unos señores malos que les querían robar el bocadillo y se liaron a tirones de pelos. Y a uno, que es superfashion y le queda el uniforme que alucinas, sabes, le arrancaron un mechón, los muy cristofascistas hijos de un progenitor B que se dedica a la capitalista venta de su cuerpo a cambio de dinero por culpa de un sistema falocrático y ultraliberal, o sea.

Unos datos y la intervención de la Ministra.

Y ya que fuimos a esta guerra misión de paz en compañía de los EEUU, tampoco podemos soslayar un interesante discurso del Obamamesías en la cena del Ramadán en la Casa Blanca hace un par de días:

Together, we have a responsibility to foster engagement grounded in mutual interest and mutual respect. And that’s one of my fundamental commitments as president, both at home and abroad. That is central to the new beginning that I’ve sought between the United States and Muslims around the world. And that is a commitment that we can renew once again during this holy season.

So tonight, we celebrate a great religion and its commitment to justice and progress. We honor the contributions of America’s Muslims, and the positive example that so many of them set through their own lives. And we rededicate ourselves to the work of building a better and more hopeful world.

Y hablando de acontecimientos planetarios, ¿se enteraron de que la esposa del que será primer ministro japonés fue abducida por un ovni triangular; estuvo en Venus, donde todo era muy verde; y conoció a Tom Cruise en otra vida?

Ésta es una carta al director publicada en un diario deportivo:

El 2 de septiembre se ponen a la venta las entradas del Barça-Madrid para los socios no abonados. Todos aquellos que, por desgracia, estamos en el paro no cobramos nuestro subsidio hasta el día 10 de cada mes. Somos personas que hacemos verdaderos esfuerzos para llegar a fin de mes y poder seguir animando a nuestro equipo, y para que nuestros hijos sigan nuestro ejemplo. El poco dinero que nos queda (a final de mes) es para comer, pagar la luz, los colegios. En cambio, el 10 de septiembre sí podríamos optar a la compra de esas entradas. Rogaría al club que articulara una posible solución para las personas que, como yo, no podemos disponer del dinero suficiente hasta el 10 de cada mes. El club también somos nosotros.

(Vía Embajador en el Infierno).

Les comentaba la semana pasada la poca gracia que me hacen las cámaras que “me vigilan por mi bien” por la calle. Oigan, que en Valencia han puesto cámaras en algunas playas y que emiten en abierto en la web del ayuntamiento.

Y la concejala de playas, Lourdes Bernal, dijo la frase previsible:

No pretendemos perseguir a nadie, sino ganar en seguridad.

A mí no me pillan.

- – -

Más información aquí, aquí, aquí o aquí.

camara-vigilanciaDesde hace bastante tiempo voy por la calle fijándome en cómo aumenta el número de videocámaras diseminadas por aquí y allá, como quien no quiere la cosa. En espacios públicos como calles, carreteras, estaciones, medios de transporte, edificios de la administración y largo etcétera; y en espacios privados.

Como ya se imaginarán, me parece fatal. Que las haya en ámbitos privados, pues vale. Fantástico. Siempre y cuando me avisen antes de entrar. Pero no sé qué narices pinta una cámara en medio de una autovía. Y no. Ni accidentes de tráfico, ni seguridad ciudadana, ni para ayudar a una pobre ancianita que pinche una rueda, ni niños muertos. Están ahí para saber qué hacemos en cuanto salimos de nuestras casas. Al menos potencialmente.

Oigan, pues este día fui de compras a un Corte Inglés y me quedé putrefacto cuando me fijé en que, además de la cámara que ya está en todos los párkings del universo mundo para grabar la matrícula de los coches que entran, había otra justo encima de la maquinita que escupe los tíckets inmortalizando mi sonriente rostro pálido y el saludo de mi mano. Y es que ya no sólo les interesa tener controlados los coches que entran, sino también tener la información de quién los conduce. Siempre por “nuestra seguridad”, of course. Todo por “nuestra seguridad”. Así que ya saben: si algún día roban un coche, que espero que no, no vayan en él a comprar al emporio de Ramón Areces. Que en paz descanse.

Next Page →