Dic
12
Sólo con el título del post, muchos sabrán que voy a hablar del celebérrimo libro que Carl Justi publicó en 1888. No me voy a explayar lo más mínimo, porque hay obras que no necesitan presentación. Lo que quiero comentar a quien pueda estar interesado en comprar esta obra es que acaba de salir una nueva edición de Planeta (no podía ser todo perfecto), en tapa dura y muy bien editado, que se puede adquirir estos días en librerías y quioscos en una colección llamada Grandes biografías de la Historia de España por 10,99 euros. Quien lo quiera comprar que no se acerque ni de lejos a la basura de edición de Istmo que, además, creo recordar que costaba unos 25 euros. Con tapa blanda y tamaño piojoso. Con esta económica edición, podrán disfrutar aún más de la lectura de Velázquez y su siglo.
Nov
19
Para el viaje de ida, es necesario llevar un libro. Para el de vuelta, no. Se compra en el destino. A mí no me gusta tirar libros, así que mi elección se basa en sus dimensiones. En esta ocasión iba a leer The Cardinal’s Hat, que lo compré hace un par de años y espera su momento, paciente. Pero encontré en la estantería El doble, de Dostoievsky. Perfecto. Cabe en el bolsillo de un abrigo. Tiene 190 páginas en mi edición de Alianza. Pesa 148 gramos. Redondo. Es un libro ideal para un viaje de algo más de dos horas con otra de espera previa en el aeropuerto.
Nov
15
El otro día me tropecé en una librería y compré inmediatamente esta reciente publicación, que devoré. El autor es un famosísimo catedrático francés ya jubilado, especialista en mundo romano y Teoría de la Historia, del que siempre cito una frase que viene a ser algo tal que “que los campesinos franceses del siglo XIII usasen calcetines no es un problema que interese a la Historia. Ahora bien, si estos mismos campesinos comiesen patatas, sí serían motivo de interés para dicha disciplina”.
El libro consta de once capítulos y un apéndice, y cito: “Constantino, el salvador de la humanidad”, “El cristianismo, una obra maestra”, “Otra obra maestra: la Iglesia”, “El sueño del Puente Milvio, la fe de Constantino, su conversión”, “Pequeñas y grandes razones de la conversión de Constantino”, “Constantino, ‘presidente’ de la iglesia”, “Un siglo doble: el imperio pagano y cristiano”, “El cristianismo se tambalea antes de triunfar”, “Una religión de Estado parcial y entreverada. La suerte de los judíos”, “¿Existe la ideología?”, “¿Tiene Europa raíces cristianas?”, y el apéndice “Politeísmo o monolotría en el judaísmo antiguo”.
Sólo con esto ya se llega a la primera conclusión: muy francés. En pocas frases, el libro es sensato y se deja leer. Trata de construir históricamente la figura de Constantino con bastante sentido común, cimentándolo sobre las fuentes, y situarlo como un hombre que sintió sinceramente el sueño que lo convirtió al cristianismo y que conjugó su faceta piadosa con sus labores imperiales de manera equilibrada y tratando de separar los ámbitos. Expone su relación con la sociedad de su tiempo y sus actuaciones políticas, viendo a medio y largo plazo a dónde condujeron algunas de sus propuestas. Pero como buen francés que se precie, al leer el último capítulo uno no sabe muy bien hasta qué punto ha leído el desarrollo de un tema o una recopilación de divagaciones hilvanadas por un nexo común.
Con todo, la crítica fundamental que yo le haría sería al apéndice, en el que maneja los textos bíblicos y los relatos históricos en ellos mencionados de manera muy poco ordenada, llegando sobre todo en la primera mitad de esta parte a confundir al lector en la sucesión de los hechos y la evolución de las ideas. Parece olvidar la existencia de las escuelas Yahvista, Elohísta, Deuteronomista y Sacerdotal y considerar que el orden textual se corresponde con el orden histórico de redacción y sucesión de los hechos. El uso de ciertas citas en ciertos momentos resulta verdaderamente tendencioso, si bien la idea fundamental del indiscutible triunfo del monoteísmo sobre la monolatría tras el Destierro y para siempre está bien indicada.
En resumen, un libro interesante y cuyo contenido no pongo en cuestión, para empezar por falta de conocimientos, pero que no responde necesariamente al título y se recrea en la tan académicamente francesa costumbre de tomar un tema como leit motiv y girar en torno a él.
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Veyne, P.: El sueño de Constantino. El fin del imperio pagano y el nacimiento del mundo cristiano [Quand notre monde est devenu chrétien (312-394), 2007]. Barcelona, Paidós, 2008.
Nov
1

“Al exclamar en una visita diplomática en 1495 que Venecia ‘es la más triunfante de cuantas ciudades he visto’, el embajador francés Philippe de Commynes mostraba en particular su admiración por el ceremonial veneciano. Aunque todas las sociedades contaban con fiestas recurrentes, así como con ceremonias dedicadas a ocasiones especiales, en Venecia el ritual cívico era notable por su excepcional esplendor. El espectáculo, la más efímera de las artes visuales, ofrecía una oportunidad única para responder a las necesidades de un momento dado, al tiempo que confería una estructura al mito de Venecia.
La Procesión en la Plaza de San Marcos de Gentile Bellini registra un acontecimiento que tenía lugar el 25 de abril de cada año, el día de la fiesta de San Marcos. Encargada por la Scuola Grande di San Giovanni Evangelista como parte de un ciclo de pinturas para honrar el poder taumatúrgico de la reliquia de la Vera Cruz, la pintura representa a los miembros de la confraternidad desfilando a través de la Plaza de San Marcos, el principal espacio ceremonial de la ciudad. Precedida por un coro y una guardia de honor con enormes candelabros, denominados doppieri, la reliquia es trasladada en andas dentro de un relicario ricamente decorado. La pintura conmemora la curación milagrosa de un niño cuyo padre, vistiendo toga roja, cae suplicante de hinojos. Se lo puede ver en medio de un claro de la procesión, a la derecha de la cruz. La manera en la que se incluye este acto de devoción privada en el contexto de la vida ceremonial veneciana es característica de la naturaleza documental de la pintura, estilo del que Gentile Bellini sería el máximo exponente en los últimos años del siglo XV.
Significativa en sí misma como obra de arte, la pintura también presta testimonio de los valores cívicos. Aunque es la Scuola Grande di San Giovanni Evangelista la que ocupa el lugar de honor, el palio va decorado con el escudo de armas de todas las scuole grandi de la ciudad. El mensaje no dejaba lugar a dudas: todos están incluidos y prevalece el consenso. Los transeúntes diseminados por la plaza, así como los espectadores que bordean la procesión y pueblan las ventanas de los palacios del lado derecho, incluyendo a niños y mayores, religiosos y seglares, varones y mujeres, extranjeros y venecianos, ricos y pobres, reflejan la diversidad de la sociedad veneciana.
A lo lejos, a la derecha, se puede ver al dogo, precedido por grupos de portadores de estandartes y trompeteros, y seguido de los magistrados del patriciado, con los altos cargos desfilando más cerca de él. Estando el orden determinado por la casta, el cargo y la antigüedad, la procesión traduce en términos visuales la constitución veneciana. Recurrente y bien orquestada, tales procesiones transmitían un mensaje tranquilizador de orden y estabilidad. En efecto, el especial poder del ritual reside en su repetición.
La coronación de un nuevo dogo era una ceremonia de naturaleza distinta. Al tratarse de un acontecimiento al margen del calendario anual habitual, era lógicamente inevitable dada la relativa mortalidad de los dogos, pero imprevisible. Con todo, la ceremonia era también aquí ciudadodsamente planificada conforme a un rígido protocolo y pretenecía a la categoría de los momentos liminares: un tiempo de transformación de un estado de cosas en otro”.
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1.- Patricia Fortini Brown: Arte y vida en la Venecia del Renacimiento [1997]. Madrid, Akal, 2008, 83-86.
2.- Gentile Bellini: Procesión en la Plaza de San Marcos, 1496, óleo sobre lienzo, 370 x 750 cm, Venecia, Gallerie dell’Accademia.
Oct
28
Marina Belozerskaya es una historiadora del arte de origen ruso y formada en los Estados Unidos, lista como un pimiento. Hace unos años, y siendo muy joven, escribió un libro formidable que se titula Rethinking the Renaissance. Burgundian Arts across Europe. Absolutamente impresionante, sobre todo la introducción.
Después de otras obras intermedias, hace dos años publicó el libro que da título al post y que acaba de ser traducido al castellano. Se trata de una obra de divulgación histórica a muy buen nivel en el que habla de la presencia y el uso de los animales exóticos en contextos de poder, como armas, para impresionar a súbditos o rivales, para presumir, para disfrute del propietario o como herramienta al servicio de la Diplomacia.
El libro tiene siete capítulos y un epílogo, cada uno de ellos enmarcado en un momento histórico muy distinto y con un personaje como protagonista. El primero se centra en la Alejandría de Filadelfo, el segundo en la Roma de Pompeyo, el tercero en la Florencia de Lorenzo de’ Medici, el cuarto en el encuentro entre los españoles y Moctezuma, el quinto en la Praga de Rodolfo II, el sexto en Josefina, el séptimo en el magnate de la prensa americano Willliam Randolph Hearst y el epílogo en los osos panda y la relación entre China y los Estados Unidos.
En primer lugar hay que decir que la capacidad de síntesis de esta mujer es extraordinaria. En segundo, que su conocimiento de la Historia y su capacidad para darla a conocer abruma. En tercero, que está escrito de una manera muy ágil y se lee en dos o tres sentadas, a pesar de su tamaño.
Pero además de la merecida pompa, el libro tiene a mi modo de ver algún defecto. Para empezar, el largo tufo de leyenda negra cada vez que habla de España. En el capítulo de México y Moctezuma hay fragmentos que son verdaderamente irritantes y tendenciosos. Además, cae en la poco profesional táctica de omitir de la bibliografía títulos fundamentales que conocen hasta las arañas y que no son prescindibles. Y lo mismo ocurre cuando habla de la formación de Rodolfo de Praga en la corte de Felipe II, con párrafos de un maniqueo que hacen dilatar más de una vena. En pocas palabras, olvida que la profesión del historiador no consiste en juzgar, defender ni opinar sobre el pasado, sino exponer rigurosamente los hechos y su desarrollo. Asimismo cae en una trampa típica de historiador, y es que cuanto más se acerca al presente y cuanta más documentación tiene para exponer un tema, más lo satura de documentos para ratificar sus aseveraciones. Sin embargo, y al tratarse de una obra de divulgación, no hay notas a pie de página y las referencias de las citas no son completas. ¡Mal! Deformación profesional por mi parte, quizá. ¡Ah!, y que no se me olvide, tiene el defecto de casi todos los libros que se publican en España: es demasiado caro. Cobrar 23,50 eurazos por un libro de algo más de cuatrocientas páginas que trae siete ilustraciones en blanco y negro y tapas blandas es un despropósito.
Sinceramente, el libro es muy bueno, si bien cada capítulo es peor que el anterior.
Con todo, el balance es muy positivo. A cualquiera que le guste algo la Historia le va a entretener. Yo he disfrutado mucho con él, excepción hecha de lo ya comentado, y aun sabiendo esto lo volvería a leer.
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Belozerskaya, M.: La jirafa de los Medici. Y otros relatos sobre los animales exóticos y el poder. Barcelona, Gedisa, 2008.
Oct
21

El hecho de que, antes del sacrificio, fuera frecuente suministrar pulque a la víctima, una bebida embriagadora destilada del agave, sugiere que tal vez no todos se sintieran felices de terminar así sus días.
El día fijado, la víctima subía los 114 peldaños del Gran Templo, la pirámide de algo más de 30 metros de altura que dominaba el centro de Tenochtitlan. (…)
Una vez que la víctima se hallaba extendida de espaldas sobre la piedra convexa del sacrificio, cuatro sacerdotes la sujetaban de los brazos y las piernas. El quinto, con un rápido ademán, le abría el pecho con una filosa hoja de obsidiana. (…) Con el corazón aún palpitante en una mano, el sacerdote cortaba la vena y la arteria superiores, lo arrancaba y se lo ofrecía a los dioses. Luego cortaba la cabeza de la víctima para que fuera colgada en una percha maciza de calaveras que se levantaba junto a la pirámide y arrojaba el cuerpo sin vida que caía dando tumbos por los escalones del templo, salpicándolos de sangre. Y así, el sacrificado repetía el generoso acto de los dioses y ayudaba a salvar el mundo.
Algunos sacrificios requerían además que el cuerpo fuera desollado, tras lo cual los sacerdotes se vestían con la piel de la víctima. En ciertas ocasiones rituales los aztecas comían partes del cadáver sacrificado. Bernardino de Sahagún (…) contó que el emperador recibía los muslos de las víctimas sacrificadas. Los guerreros (…) se quedaban con el resto. Después de cocinar la carne en un guisado especial con maíz seco y habas, lo servían en un festín familiar y así ingerían valentía y fuerza.
Cada año, miles de personas encontraban este fin. Los españoles estaban indignados y horrorizados. Díaz, que había subido hasta lo alto del Gran Templo con Cortés, quedó muy turbado por la vista y el olor de las capaz de sangre humana. “Había unos braseros con incienso que ellos llaman copales donde se estaban quemando los corazones de los tres indios sacrificados aquel día. (…) Todas las paredes del oratorio [el santuario de Huitzilopochtli] estaban tan salpicadas y enconstradas de sangre que eran de color negro, lo mismo ocurría con el suelo y todo el lugar olía horriblemente. (…) Los muros estaban tan grumosos y el suelo tan bañado de sangre que el hedor que allí había no existe en ningún matadero de España”.
Los aztecas justificaban semejante derramamiento de sangre con el mismo argumento que los incitaba a estar permanentemente en guerra: era un deber cósmico sagrado exigido por los dioses, especialmente por Huitzilopochtli, quien los había designado su “pueblo elegido”.
(Belozerskaya, M.: La jirafa de los Medici. Y otros relatos sobre los animales exóticos y el poder. Barcelona, Gedisa, 2008, 176-177).
Oct
18
Me resulta muy interesante el origen de las arquitecturas judía y cristiana. De vez en cuando le dedico algún tiempo y sigo perfilando una investigación que algún día cristalizará. Mi última lectura fue este libro del profesor R. Ross Holloway: Constantine and Rome. Consta de cuatro capítulos: “Constantino y los cristianos”, “Los arcos”, “Basílicas, bautismo y sepultura” y “La tumba de San Pedro”. El primero y más breve pone sobre la mesa de manera bien concisa los datos fundamentales para poder entender el resto del libro. En el segundo estudia los arcos de triunfo constantinianos, no sólo el de Roma, en el que se detiene mucho, sino también el de Malborghetto y el de Jano Cuadrifonte del foro Boario. En el tercer capítulo estudia las tres tipologías arquitectónicas fundamentales del primer cristianismo: basílicas, baptisterios y martyria. Repasa, por supuesto, Letrán, San Pedro, la Santa Cruz y San Crisógono, así como algún edificio anterior, como la domus ecclesiae de San Juan y San Pablo, y alguno ligeramente posterior, como Santa Susana, Santa Balbina, San Clemente o San Pablo Extramuros. Se detiene asimismo en el baptisterio lateranense y en los coementeria subteglata y mausolea: la tumba de Santa Elena en Tor Pignattara, Santa Constanza en Via Nomentana, Tor dei Schiavi, y otros mausoleos próximos a basílicas en Via Praenestina, Tiburtina, Ardeatina, así como el sepulcro de Santa Elena. Todo ello con atención a la ubicación y completado con una breve disertación sobre las catacumbas. Concluye dando una vuelta a los datos arqueológicos sobre la tumba de San Pedro, la historia de su “descubrimiento arqueológico”, y la información que tenemos a día de hoy.
El libro es muy conciso, muy “pegado al terreno”. A veces se echa en falta que exprima más la información que expone, o que desarrolle tesis que se ven venir. En otras palabras, es muy arqueológico. Sin lugar a dudas es una obra imprescindible para tener una rápida visión de síntesis profunda y documentada para complementar y actualizar la información del tan clásico como fundamental Corpus Basilicarum Christianarum Romae del profesor Krautheimer y compañía.
Oct
11
El principio de este vídeo recoge el que para mí es el fragmento más divertido de La importancia de llamarse Ernesto o, por mejor decir, The importance of being Earnest, que no es lo mismo. Sin embargo, en la película está notablemente recortado. Si tienen la ocasión, léanlo en inglés. Si no, pídanmelo y lo cuelgo. En cualquier caso, disfruten de Dame Judi Dench que, como siempre, está soberbia.
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PS: Podrán comprobar que he clasificado este post en la categoría libros. Es porque no quiero crear una nueva que se llame “Películas” o algo así, porque para el cine tengo un gen de menos y no creo que hable muchas veces del tema.
Sep
21
El profesor José Luis Pérez de Arteaga publicó el año pasado un volumen dedicado al estudio de Gustav Mahler y, realmente, en pocas ocasiones he devorado con semejante avidez un libro que no fuera una novela y con el agravante de que el tema no me apasiona.
Dividido en tres partes, la primera afronta la biografía del artista, la segunda un estudio musicológico de su obra y la tercera una recopilación y calificación de las más de dos mil grabaciones existentes de la breve producción musical mahleriana.
La primera parte es absolutamente brillante en su exposición. Como siempre hace Arteaga, es capaz de resumir la segunda mitad del siglo XIX en el Imperio Austro-Húngaro en un párrafo y seis líneas más abajo contar el más curioso detalle de una cena entre Mahler y su círculo de amigos, estableciendo las relaciones afectivas existentes entre cada uno de ellos y cómo les gustaba tomar el café.
Redactado de una manera tan culta y elegante como ágil, esta primera parte incluye pasajes tan bellos que no me resisto a citar alguno:
Austria, durante la segunda mitad del siglo XIX. En Viena, una ciudad hecha destellos y fogonazos, candelabro de burbujas en torno a una llama sin visos de consunción, continúa reinando la dinastía de los Habsburgo. Schönbrunn en verano, el “Hofburg” o Palacio Imperial en invierno, constituyen el hogar del último monarca de un árbol generoso, Francisco José, el “Kaiser” de la paz permanente. Sin embargo, el Imperio manifiesta síntomas de vejez, aún más, de una lenta y cansina descomposición interior. Si el exterior brilla, la luz de dentro es mortecina, pálida, con cierto aroma a cenizas y a rancio. (p.22)
El Imperio se agitaba bajo el abrazo confortable de la Dinastía de los Habsburgo mientras un hormiguero de pequeñas tormentas se formaba en su interior. Era época de grandes cambios y de aún mayores movimientos sociales; las nuevas ideas se expandían como una mancha de aceite y los obreros de las fábricas empezaban a protestar por las calles. Los germano-parlantes soñaban con un imperio alemán, los pueblos, con su independencia. Los artistas transformaban el concepto de arte bello en arte útil, la vanguardia chocaba con la Academia, los pies de las mujeres comenzaban a asomar bajo las faldas y la voz femenina surgía detrás de los corsés, exigiendo el derecho al voto. La agitación social, que estaba desintegrando poco a poco la Europa de la Seguridad, reclamaba algo o alguien a quien culpar de sus miserias. (pp.129-130)
Los barrios obreros de Nueva York, a principios de siglo, eran una serie de oscuros y tristes callejones poblados de inmigrantes que deambulaban entre toneladas de basura. Ellos [Gustav y Alma Mahler] se internaron en los fumaderos y garitos, contemplaron la suciedad de las calles, las profundas arrugas en los rostros de los trabajadores, la vida en condiciones de hacinamiento, los niños mocosos, el hambre que se convertiría en delincuencia. Nunca habían visto algo así. La pobreza de Austria no tenía nada que ver con las condiciones de aquellos hombres, de aquella sociedad de asfalto, desmedida, sucia y cruel. Se introdujeron en un fumadero de opio y vieron los espantosos efectos de la droga, los rostros huesudos y macilentos, los ojos sin brillo de los “chinos con la cabeza colgando, que habían sido arrojados allí para que durmieran su embriaguez. Se les podía robar o asesinar sin que se percataran de nada. Era una panadería con panes humanos”.
Por otro lado, estaban las fiestas y reuniones de la alta sociedad. Louis Comfort Tiffany, el tímido heredero de los joyeros, a la sazón interesado en las posibilidades decorativas y artísticas del vidrio, les ofreció un homenaje en su casa. La luz pasaba a través de las vidrieras, dando la impresión de estar en el Paraíso, mientras el nieto de Shelley tocaba en el órgano el preludio de Parsifal. Había arañas de colores, palmeras auténticas, mullidos sofás y extrañas mujeres con vestidos relucientes. (pp.151-152)
Esta primera parte es absolutamente magistral dentro del género de la biografía del artista, de origen clásico, consagrada en el Renacimiento con Vasari y elevada a los altares en pleno siglo XIX con la idea romántica del artista-genio.
En ella podemos seguir casi día a día las peripecias de la itinerante vida de Mahler, desde su formación hasta los problemas que tuvo en sus diferentes empleos; sus amistades y los músicos con quienes se rodeaba; la composición de sus obras y sus escarceos amatorios.
No menos impresionante resulta la segunda parte del libro, en la que Arteaga afronta el estudio musicológico de la obra de Mahler.
Comienza con una serie de consideraciones generales tales como:
Gustav Mahler estaba lejos de considerar la música como una forma artística sin misión u objetivo, justificada por sí misma. Más bien al contrario. Para el artista era la manera de expresar sus más íntimos anhelos y, al mismo tiempo, la forma de demostrar su genialidad estética y su capacidad de romper las normas; era el grito de su derecho a ocupar un puesto protagonista en la historia de la música. Sentía desde joven una vocación musical mesiánica, quizá no ajena a su origen hebreo, que extrapolaba a todas las facetas de su existencia: al trabajo, al que se enfrentaba con dedicación absoluta; a sus obras musicales, que defendería frente al rechazo unánime inicial; a su planteamiento estético, que era una permanente apuesta por la innovación y la modernidad; y hasta a su mujer, aquien exigió que abandonara todo para vivir con y para él. Para Mahler, el Destino –con mayúscula– le había situado en un lugar desde el cual tenía que alcanzar la meta que se había propuesto (p.167).
Y a continuación pasa a analizar musicológicamente todas y cada una de las escasas obras del compositor, incluidas las de dudosa atribución, con una profundidad pasmosa y una capacidad divulgativa que sólo posee alguien de su erudición y elocuencia. Aunque es de justicia advertir que para comprender totalmente algunos pasajes es necesario tener ciertos conocimientos de música, no creo que no puedan ser accesibles igualmente para alguien sin ningún tipo de formación específica y que se esfuerce en entender lo que está leyendo.
La tercera parte del libro pasa revista y califica las más de dos mil grabaciones que se conservan de interpretaciones de obras de Mahler. Habida cuenta que no es uno de mis músicos predilectos y que, ni que decir tiene, yo no he escuchado ni la vigésima parte de las interpretaciones que conoce y juzga Arteaga, no opino al respecto.
Quizá la demostración de mayor honestidad profesional de todo el libro, tantas veces olvidada, pasa por dejar sin calificar las por otra parte escasas grabaciones a las que no ha tenido acceso.
En resumen, les puedo asegurar que la apasionante lectura de este libro me ha hecho rescatar de la estantería todas las obras de Mahler que tengo, que no son pocas, y a pesar de que no sea un músico que me vuelva loco las he vuelto a escuchar con detenimiento, leyendo a la par que las escuchaba los análisis que el profesor Pérez de Arteaga hace de cada una de ellas en la segunda parte de su obra.
Y es que mi amigo Arteaga es ejemplar.
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PS: Me releo y compruebo que esta especie de reseña de andar por casa no hace justicia alguna al libro. Por no escribir una extensa retahíla de adjetivos, simplemente les recomiendo sinceramente gastar los 25 euros que cuesta.
PPS: El vídeo inicial era el final de la Segunda Sinfonía de Mahler, y los que siguen son el inicio y el final de la Octava, respectivamente. En todos ellos Leonard Bernstein dirige a la Filarmónica de Viena.
PPPS: Pérez de Arteaga, J.L.: Mahler. Madrid, Antonio Machado - Scherzo, 2007.
Sep
16
es el título de un interesantísimo libro que me regaló Ariadna hace algún tiempo y del que hablaré en lo sucesivo en más de una ocasión.
Una vez leídos los primeros párrafos del prólogo, uno tiene curiosidad por avanzar, si bien la lectura no siempre es igual de ágil.
Bagdag, agosto de 1099.
Sin turbante, la cabeza rapada en señal de duelo, el venerable aqdi Abu Sa’d al-Harawi irrumpe gritando en el vasto diwan (cancillería) del califa al-Mustazhir bi-llah. Siguiéndolo, una multitud de compañeros, jóvenes y viejos. Éstos confirman ruidosamente cada palabra que pronuncia y ofrecen, al igual que él, el desconcertante espectáculo de barbas espesas y cabezas rapadas. Algunos dignatarios de la corte intentan calmarlo, pero él, apartándolos con gesto despectivo, avanza resueltamente hacia el centro del salón; a continuación, con la vehemente elocuencia de un predicador subido a un púlpito, arenga a los presentes sin tener reparo alguno por las diferencias de rango:
-¿Osáis dormitar a la sombra de una beatífica seguridad, en una vida frívola como una flor en el jardín, mientras que vuestros hermanos de Siria no tienen por casa sino las sillas de sus camellos o las vísceras de los buitres? ¡Cuánta sangre derramada! ¡Cuántas hermosas y jóvenes chicas han tenido que esconder su dulce rostro constreñidas por la vergüenza! ¿Así que los valientes árabes aceptan la ofensa y los valerosos persas el deshonor?
“Fue un discurso emotivo hasta el punto de hacer llorar los ojos y de conmover las almas”, dirán inmediatamente los cronistas árabes. La asamblea al completo está dominada por los gemidos y los lamentos. Sin embargo, al-Harawi no acepta sus sollozos:
-La peor arma del hombre –afirma– es verter lágrimas mientras las espadas están atizando el fuego de la guerra.
(Maalouf, A.: Le crociate viste dagli arabi [Les croisades vues par les Arabes, 1983]. Turín, SEI, 2005, 9-10).
PS: Este libro también está publicado en castellano con el mismo título que el post. Yo lo he leído en italiano y citaré por mi edición tanto en esta ocasión como en otras sucesivas.
Sep
6

Gracias a una serie de comentarios de Davitz en un post previo he vuelto a leer las páginas que José Antonio Souto Paz dedica al aborto y la eutanasia en su celebérrimo libro Comunidad política y libertad de creencias. Introducción a las Libertades Públicas en el Derecho Comparado. Muy recomendable.
Ago
26
Todavía resuenan en las paredes de mi casa las risotadas que solté mientras leía los Tres ensayos sobre teoría sexual [Drei Abhandlungen zur Sexualtheorie, 1905] del Doctor Sigmund Freud. El libro se compone de tres capítulos, que llevan por título “Las aberraciones sexuales”, “La sexualidad infantil” y “La metamorfosis de la pubertad”. Sin lugar a dudas, el primero es el más divertido.
Cuántas sandeces dijo este buen hombre y, al mismo tiempo, cuánto ha aportado al conocimiento y cuántas puertas ha abierto.
Ago
22
En 1841 un predicador de la abstinencia del alcohol llamado Thomas Cook llegó a un acuerdo con una compañía ferroviaria para conseguir billetes con descuentos para su numerosa congregación. El éxito de sus primeras iniciativas lo animó a organizar la primera excursión internacional de un grupo, a París, en 1855, para ver la Exposición Universal. Hacia los años sesenta llegaron a ir más allá. Los turistas, al igual que los viajeros habían hecho previamente, necesitaban guías de viaje, y las primeras, de Roma, ya habían circulado en forma de manuscrito mucho tiempo antes de que la imprenta fuese inventada. Y, ni que decir tiene, las de Roma fueron las primeras en ser publicadas. Por los años en que Cook organizaba sus viajes, la editorial londinense John Murray había comenzado sus series de guías populares encuadernadas en tapa dura roja, que pronto emularía la firma alemana de Karl Baedeker. Los clientes de los viajes de Cook y los usuarios de las guías de Murray y Baedeker eran adinerados y estaban bien informados. Tuvieron otros imitadores: André Michelin, el hermano del empresario francés de ruedas para coches Edouard Michelin, comenzó a imprimir guías hacia 1910 con el fin de publicitar los productos de su hermano. En el momento en que ese enfoque demostró ser realmente rentable, André se convirtió en un importante editor de mapas y guías.
Rykwert, J.: The Seduction of Place. The History and Future of the City. Oxford, Oxford University Press, 2004, 153-154.
Ago
20
Me humillo públicamente al reconocer que me quedé dormido en una conferencia suya, probablemente más a causa de mi debilidad que de lo que nos enseñaba. Mi reprobable conducta (o excesivo cansancio) no merma un ápice el profundo respeto intelectual que siento por el profesor John Elliott, incluso cuando estoy entre el sueño y la vigilia.
Acabo de concluir su clásico libro El Viejo Mundo y el Nuevo. 1492-1650 y lo recomiendo muy sinceramente.
Jul
30
Vi en un catálogo este libro. El título me gustó. El resumen que lo acompañaba, también. El libro, escrito en 1985, trataba sobre la creación de la idea nacional alemana a partir de la unificación, la situación de este país durante las guerras mundiales y la división del planeta en bloques de poder durante la Guerra Fría. Del autor había leído El proceso de civilización hace diez años y me había parecido muy interesante. Así que lo encargué sin dudarlo. Lo recibí. Lo devoré en cuanto estuvo en mis manos. Y ahora, recién cerrado y con la misma presteza me siento a escribir sobre él para que nadie más cometa el mismo error.
Si cualquier otra persona hubiera escrito este bazofio diría de él que es un intelectual absolutamente mediocre, que ha hecho un pésimo libro de pseudo-divulgación y que su visión de la historia mundial contemporánea y su sociedad es burda. Pero como lo escribe Elias me limitaré a decir que el libro no hay por donde cogerlo. Como medida cautelar inmediata pongo en cuarentena a este autor. Y por ahora prefiero pensar que, como lo escribió con 88 años, estaba un poco senil y por ello pergeñó este engendro. Si me equivoco y no se le había ido la cabeza, por favor, no me saquen del error. Pero aprendan del que cometí. Ahórrense el dinero y, sobre todo, el tiempo. Este libro es pura basura.
