En un restaurante en Londres, con un par de amigas españolas. Nos atiende un chico chino muy majo. En un momento dado dice “gracias” en castellano. Y como nací preguntón, armo una de las mías:

Noatodo (en castellano): ¿Así que hablas castellano?
El chino (en inglés): No, no lo hablo, pero lo entiendo y sé decir algunas cosas sueltas.
Noatodo (en inglés): Ah. ¿Y eso?
El chino (en portugués): Es que hablo portugués y por eso me resulta fácil entender el español.
Noatodo (en inglés): Ah. ¿Y cómo es que hablas portugués? ¿Has vivido allí durante algún tiempo?
El chino (en inglés): Aunque parezca difícil de creer, tengo pasaporte portugués.

Queridos amigos:

Me voy de viaje unos días, pocos, a la pérfida Albión, tierra de habitantes encantadores aunque no muy agraciados, a pasar unos días en su capital, que es como Baeza: se ve en una tarde.

Dejo un par de entradas programadas, incluyendo la música clásica del domingo, y no descarto repicar algo en la distancia si tengo un minuto libre.

Pero, por si acaso, hasta el martes.

Primera. Ayer cacé a mi archienemiga jugando al solitario en el ordenador en horas de trabajo. Sin parar de caminar, la miré con una mezcla de condescendencia, reprobación y desdén. Claro, que a lo mejor ella lo cuenta diciendo “y me miró con la cara de gilipollas que lleva puesta todo el día”. En todo caso, se sonrojó. Gané. Y no es mi archienemiga por gran cosa. En realidad sólo lo es porque es una maleducada y una engreída, la pobre. Y porque me gusta buscar un antagonista para estar (más) entretenido. Hoy he traído unos zapatos muy de vestir con los que voy taconeando al andar. Tac, tac, tac, tac. Para que sienta mi presencia en su cogote por algo más que por mis siempre expansivos perjúmenes.

***

Segunda. El hombre es el único animal que tropieza n veces en la misma piedra, tendiendo n a infinito. Ya conté la primera aquí. La segunda fue desayunando en una terraza en Roma con mi amigo Medicino. Un negro pelmazo que vendía pulseras, al que le dijimos que no y al que yo le dije que si quería lo invitaba a un café y me dijo que tururú; que le diera dinero y me dejara de leches.

Hoy por la mañana me increpa por la calle un tipo que vendía calcetines. Me lanza la mano al frente, me quito el auricular derecho en el que sonaba mi curso de alemán, me empieza a contar una batalla y ni siquiera me ofrece calcetos. Me dice que si le doy dinero, que tiene hambre. Estábamos delante de una frutería fantástica que llevan un par de chicos hindús muy majos y le digo que no le voy a dar dinero, pero que si quiere que vamos a la frutería, que coja lo que quiera y que lo pago yo. Oigan, pues va el tío y me dice que pasa de mi fruta. Con un par.

Así estaba mi jardín hoy a la mañana. Si se fijan y/o amplían la foto podrán ver a Fritz que, como es medio bobo, cuando hace bueno se pone a cubierto y cuando llueve se pone a la intemperie. O quizá quisiera jugar con la nieve.

Por una serie de circunstancias y casualidades que me llevaron de aquí para allá, el martes acabé en un conocido centro de clases de alemán. La oferta educativa era variada e incluía además de los niveles de toda la vida, clases específicas de lectura de textos, clases de contenido específico para ciertos profesionales, clases de conversación en grupo y clases individuales “de lo que te dé la gana”. Como ya conocen mis métodos poco ortodoxos para aprender idiomas, yo quería una clase para mí solito, pero cuando vi que cobraban 39 euracos la hora decidí que mejor me hacía un examen de nivel y entraba en el grupo que me correspondiera. Así, además, podré socializar y conocer gente nueva, que me caerá mal en un alto porcentaje y que me proveerá de batallitas y entretenimiento.

En todo caso, a lo que iba es a que como no he querido gastarme 39 euros la hora porque prefiero pagar 9 por la clase y comprarme un jersey en Zara, me he cogido una clase en grupo. Pero hete aquí que al señor Francisco López, también conocido como Patxi López, resulta que se le ha dado por estudiar la koiné vascuence. Que por mí como si estudia lingala.

Peeeeeeeeeero en vez de gastarse sus dineros en ello ha decidido que lo va a hacer con fondos públicos, que “el dinero público no es de nadie” (Carmen Calvo). Y los gobernantes de los vascos y las vascas han librado un par de partidas de 36.600 euracos cada una porque el saber no ocupa lugar (quien dijo esto nunca compró un libro) pero cuesta muchos cuartos en cuyo dispendio no se repara cuando no salen del bolsillo propio.

Primero, y para mis amigos. ¿Os acordáis de la guerra que estaba librando con la escuela de idiomas y en la que todo apuntaba a que estaba haciendo el paria de la tierra y me iban a hacer una pedorreta en la cara y reírse de mí durante siete meses, siete semanas y siete días, jajá, jajá, jajá, jajá, y así hasta quedarse sin sonido? Pues gané.

Segundo, y para todos los públicos. Que me voy de viaje a una ciudad que vuelve loco a todo el mundo y que a mí no me gusta un pimiento, así que no nos leemos hasta dentro de una semana. Si tengo tiempo. Que aún no les he podido contar el libro que me leí en el último viaje de vuelta mientras los (m)emos iban haciendo el ídem.

Un abrazo.

Queridos amigos:

Como ya les dije hace unos días, últimamente he estado más liado de lo habitual y por ello casi no he podido responder a los comentarios ni visitar otros blogs. Estos días estaré de viaje y no he tenido tiempo de escribir entradas. Sin embargo, dejo programadas algunas cosas que escribieron otros, que creo que merecen ser repicadas, y que irán apareciendo día tras día. Y el domingo, por supuesto, habrá clásica.

Un abrazo.

greenwich-clock-reloj

Queridos amigos:

Sólo un par de líneas para comentarles que debido a varios cambios importantes en mi vida, todos ellos para mejor, lo más probable es que a partir de ahora tenga menos tiempo no sólo para escribir en mi blog y responder a los comentarios, sino también para comentar los blogs amigos. Conste, de cualquier modo, que haré cuanto pueda y, en todo caso, que los seguiré leyendo, que para algo se inventó Google Reader.

Un abrazo.

Quien haya compartido conmigo conversación, casa, dormitorio y/o cama sabe perfectamente que:

  1. el momento de despertar y levantarme es para mí el peor momento del día, razón por la que no entiendo a quienes duermen la siesta y pasan por tan horroroso trance dos veces
  2. recién levantado suelo estar de muy mal humor
  3. me cuesta muchísimo despertar, hasta el punto de que suelo poner varios despertadores, a cual más ruidoso.

Y por ello, si alguien me quiere hacer un regalo práctico, creo que me vendría muy bien esto que vi en No me puedo creer que lo hayan inventado.

antonio-da-sangallo-el-joven-il-giovane- zecca-roma-banco-spirito-santo-banco-bankHace ya unos cuantos años que me vendí, como si fuera un salmonete, al mejor postor bancario, con dos límites muy claros; uno al Norte y otro al Este. Y lo que es peor en toda esta historia: abandoné la banca privada para pasarme a las cajas de ahorros, donde me ofrecían unas condiciones que patatín y patatán. Se acabó. Me he ido. He inaugurado un banco nuevo y me siento feliz. Bien es cierto que ya se verá lo que dura. De hecho, hay gente que sostiene que dentro de poco en las entidades bancarias va a estar colgada una foto mía como persona non grata, ya que en los últimos diez años ni se sabe en cuántas he abierto –y poco después cerrado– cuentas. En todo caso, a las cajas ya las pueden ir ondulando. Me vuelvo a la banca privada, de donde nunca me debería haber ido. Y es que a mí me pone eso de que un señor monte un negocio, le vaya bien, se forre y su avaricia –yo diría astucia, iniciativa, coraje– lo lleve a ampliar la empresa, cotizar en bolsa, convertirse en multinacional y seguirse forrando hasta ser asquerosamente rico, mientras se rasca la barriga y disfruta de un buen whisky. Por supuesto, sin hielo. Uhmmm.

Y si están pensando que soy un cerdo pervertido, oigan, un respeto, que a otros les pone olisquear calcetines sudados. O escuchar a Zetapero, que ya hay que ser cochino.

Hoy vuelvo a casa, y probablemente ésta sea mi banda sonora.

(Dean Martin: Arrivederci Roma)

Queridos amigos:

Me voy unos días de viaje. Pero, ya saben, dejo unas entradas programadas.

Hasta pronto.

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