Si el primer hombre fue creado sabio, ¿por qué se le permitió corromperse? Si por el contrario fue creado estúpido, ¿por qué Dios no es el autor del vicio, teniendo en cuenta que la estupidez es el mayor de los vicios? ¡Como si la naturaleza humana no pudiera ser víctima de ningún tipo de afectación situada a medio camino entre la estupidez y la sabiduría, a la que no podremos denominar ni estupidez ni sabiduría! Porque el hombre comienza por ser o bien estúpido o bien sabio, de manera tal que ha de ser denominado necesariamente de alguna de estas dos formas. A menos que hubiera tenido la oportunidad de ser sabio y la hubiera despreciado, en cuyo caso será culpable de una viciosa estupidez. Nadie es tan tonto de definir a un niño como estúpido, aun cuando sería incluso más absurdo llamarle sabio. Por ello de un niño no se puede decir que sea ni estúpido ni sabio, aunque sea humano. Así las cosas, parece que la naturaleza humana puede tener una vía intermedia a la que no se le podría llamar con propiedad ni estupidez ni sabiduría. De manera tal que a quienes estuvieran aquejados de tal afectación –como por ejemplo aquéllos que por su negligencia han abandonado la sabiduría–, no se les podría definir con propiedad como estúpidos, ya que parecen ser tal no por vicio, sino por su propia naturaleza, ya que la estupidez no es una especie de búsqueda y rechazo de cosas, sino una ignorancia viciosa. Por ello no llamamos estúpido a un animal irracional, puesto que él no tiene la capacidad de llegar a ser sabio.
(San Agustín, De libero arbitrio, XXIV. Migne: PL XXXII:1305-6).

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