Hacía bastante tiempo que no leía literatura. Si no me falla la memoria, lo último fue Doña Perfecta, y es que últimamente se me ha dado por temas menos floridos que sus narradores suelen exponer mediante frases breves, secas y directas. Ello explica que las primeras diez páginas de Tirano Banderas se me hiciesen extrañísimas; como si Valle estuviese hablando un idioma desconocido. Me gustó mucho. Me reí bastante, quizá debido a mi peculiar sentido del humor. Repicaré varios fragmentos. Vamos con uno que bien podrían soltar algunos bolivarianos hoy en día:

El orador desleía el boladillo en el vaso de agua: Cataba un sorbo: Hacía engalle: Se tiraba de los almidonados puños:
–Las antiguas colonias españolas, para volver a la ruta de su destino histórico, habrán de escuchar las voces de las civilizaciones originarias de América. Sólo así dejaremos algún día de ser una colonia espiritual del Viejo Continente. El Catolicismo y las corruptelas jurídicas cimentan toda la obra civilizadora de la latinidad en nuestra América. El Catolicismo y las corruptelas jurídicas son grilletes que nos mediatizan a una civilización en descrédito, egoísta y mendaz. Pero si renegamos de esta abyección jurídico religiosa, sea para forjar un nuevo vínculo, donde revivan nuestras tradiciones de comunismo milenario, en un futuro pleno de solidaridad humana, el futuro que estremece con pánicos temblores de cataclismo el vientre del mundo.
Apostilló una voz:
–¡De tu madre!
Se produjo súbito tumulto: Marejada, repelones, gritos y brazos por alto. Los gendarmes, sacaban a un cholo con la cabeza abierta de un garrotazo. El Licenciado Sánchez Ocaña, un poco pálido, con afectación teatral, sonreía removiendo la cucharilla en el vaso de agua. El Vatecito murmuró palpitante, inclinándose al oído de Fray Mocho:
–¡Quién tuviera una pluma independiente! El patrón quiere una crítica despiadada…
Fray Mocho sacó del pecho un botellín y se agachó besando el gollete:
–¡Muy elocuente!
–Es un oprobio tener vendida la conciencia.
–¡Qué va! Vos no vendés la conciencia. Vendés la pluma, que no es lo mismo.
–¡Por cochinos treinta pesos!
–Son los frijoles. No hay que ser poeta. ¿Querés vos soplar?
–¿Qué es ello?
–¡Chicha!
-No me apetece.

(Valle-Inclán: Tirano Banderas, II, ii, 3).

Comentarios

Un comentario de “Valle-Inclán: Tirano Banderas

  1. Me recuerda a ariovisto, que suele escribir cosas que solo entiende él. Posiblemente este tipo de literatura no puede ser de otra forma: si la entiendes, bien, y si no, también. Al fin y al cabo el autor se ha reído mucho escribiendo la obra.

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